Pese a un inicio con lluvia que hacía temer lo peor, la jornada se salvó por la tarde.

A Sant Jordi no lo para el mal tiempo 

24.04.2019 | 04:00

"Sant Jordi puede con todo, siempre", pronunció contundente ayer por la tarde el escritor Rafel Nadal, uno de los que se esperaba que vendiese más ejemplares gracias a "El fill de l'italià". Y, sin embargo, a primera hora de la mañana también sufría con los chubascos que azotaban toda Catalunya. Igual que él, eran muchos los que consideraban que la climatología, especialmente la lluvia, es la única de las variables que pueden afectar a una fiesta en día laborable que lleva a millones de personas a las calles, ya sea en busca de un libro o de una rosa para la persona amada.

Pero antes de las nueve de la mañana parecía que el día no tenía arreglo y que los paraguas y los libros tapados con plásticos serían los protagonistas de la jornada y que el dragón legendario acabaría venciendo a los grandes damnificados, los libreros, que confían a ciegas en el santo de la Capadocia.

En un centro de la ciudad gris y tristón, unas muchachas montaban una parada de rosas, acompañadas de un humanoide transmutado en animal fabuloso, verdoso, con forma de reptil corpulento, que intentaba alegrarles el trabajo, pero ellas no estaban para bromas; solo veían una gran nube amenazante.

El agua acabó cayendo, pero pasadas las once de la mañana el tiempo dio un vuelco y, sin que luciera todavía el sol que acabó adueñándose de la tarde, permitió que los paraguas fueran guardados y que la gente volviera a ocupar la vía pública con ganas de pasear.

Protagonistas
Durante un buen rato, tras el pánico inicial, fue habitual escuchar conversaciones entre los paseantes en torno a la meteorología. Todo el mundo hacía pronósticos y cábalas: "Mira, parece que ya no llueve" o "cuánta gente que hay, y, eso que ha llovido".

En las paradas de las librerías repartidas en las calles más céntricas de pueblos y ciudades se empezaron a sentar los otros protagonistas del día, los autores, y en un minuto, principalmente en los aledaños de la plaza Catalunya de Barcelona, se formaron colas kilométricas para conseguir la firma de escritores consagrados, youtubers, cocineros, o personajes televisivos del momento.

A la vez, fue un día en el que los profesores de ESO y bachillerato aprovecharon para que sus jóvenes estudiantes practicasen sobre el terreno las asignaturas que dan sentados en clase. También fue habitual toparse con muchos matrimonios de jubilados buscando libros para regalarse, y con jóvenes parejas con una rosa en la mano, a los que no les importa besarse mientras cruzaban un semáforo que parpadea de naranja a rojo.