Un grupo de peregrinos de Mura a Montserrat, en una fotografía de fecha indeterminada.

Peregrinos de Mura a Montserrat apedreados, abucheados y pagados

15.03.2019 | 04:00

Terrassa Jacobea, el boletín de Amics del Camí de Sant Jaume de Terrassa, está trascendiendo tal condición para convertirse en una revista sobre temas de peregrinaje, con trabajos de estudiosos del ámbito. En su número 5 acoge un artículo sobre la tradición de los peregrinos de Mura a Montserrat, en base al libro "Mura, la terra, la gent i Sant Martí", de Xavier Coll i Ferret.

Este cercano peregrinaje consistía en el cumplimiento de una antigua "prometença", documentada desde el año 1500, por la cual los grandes propietarios de Mura "irían descalzos, a pie, vestidos de blanca camisa y gorra, hasta el monasterio de Montserrat, por las grandes necesidades de enfermedades que ocasionaron tanta mortalidad que 'de nou, en morien vuit'",se explica. Pasaban por Rellinars y Monistrol para subir a la montaña de Montserrat, donde eran recibidos por el padre abad, y veneraban la Moreneta. Al día siguiente, regresaban a Mura, también a pie, y el pasar por la Creu del Puig, tocaban las campanas y el pueblo salía a recibirlos en en la riera de les Nespres.

Hasta el año 1931
Al principio peregrinaban los amos, pero después pasaron a contratar unos hombres para que les hicieran el peregrinaje, pagándoles un sueldo y la comida. "Tan antigua costumbre llegó hasta 1931, cuando se suprimió, en parte porque la devoción iba disminuyendo y el sueldo no era demasiado alto, también porque los peregrinos, vestidos extravagantemente, eran abucheados e incluso apedreados en los pueblos por los que pasaban."

Su itinerario comprendía la casa del Puig de la Balma, la iglesia de Santa Creu de Palou, la encina dels Pelegrins (donde descansaban), la casa del Gall (donde comían) y el pueblo de Monistrol de Montserrat, que en algunas ocasiones "pasaban de largo para evitar las burlas de la gente de la parroquia". En la ruta de regreso, comían en Cal Felip Neri, de Rellinars, y merendaban en la masía del Puig de la Balma. En la peregrinación debían rezar las salves y veinte partes del rosario (diez a la ida y diez a la vuelta). El transporte de la comida se hacía en una cavalgadura que llevaba un obrero.

También en esta entrega de Terrassa Jacobea puede leerse un estudio de Núria Boltà sobre la tradición del peregrino de Gurb, que esta población de Osona ha recuperado en su fiesta mayor, y otro de Francesc Suárez sobre las iglesias de Sant Jaume en el Alt Penedès. También se reproducen los sellos de los Años Santos Compostelanos que presentaba la exposición "El Camí de Sant Jaume i la filatèlia. Col·lecció de Francesc Suárez".