Salud

Comer tarde y dormir poco influye en nuestro peso corporal

06.12.2018 | 04:00
Comer tarde y dormir poco influye en nuestro peso corporal

Comer tarde repercute en las bacterias de nuestro organismo y puede provocar problemas metabólicos y riesgo de obesidad. Pero también dormir pocas horas se asocia a ganar peso al afectar al ritmo circadiano, el ciclo del día y la noche de nuestro organismo.

"Hemos demostrado que hay un ritmo diario en la microbiota o flora bacteriana", explica Marta Garaulet, catedrática de Fisiología de la Universidad de Murcia. "Eso quiere decir que la diversidad de las bacterias cambia a lo largo del día y de la noche. Y, a mayor diversidad, mejor salud", apunta.

Un cambio de ritmo que han observado en un estudio, publicado en la revista científica The Faseb Journal, centrado en diez mujeres, de 22-23 años y de constitución delgada, que comieron lo mismo, pero una semana a las 14.00 y otra semana a las 17.30 horas.

Este estudio, que ha contado con la participación de los equipos de Garaulet en la Universidad de Murcia y del investigador Frank Scheer de la Universidad de Harvard, demuestra que se invierte completamente el patrón del ritmo de las bacterias que, "en sólo una semana, se adaptan en su composición, diversidad y abundancia en función de la hora de la comida cambiando así su ritmo", según la especialista. Ese cambio en la hora de comer de una semana a otra puede tener sus consecuencias fisiológicas en las personas.

Los horarios de las comidas
"Los ritmos que se asocian a comer tarde son más obesogénicos, más inflamatorios. Y, además, podría explicar por qué cuando las personas comen tarde pierden menos peso en un tratamiento dietético", señala doctora a Efe.
Y sobre todo se observa en las bacterias orales. La saliva es importante porque con ella tragamos millones de bacterias que colonizan el intestino. "Se ha demostrado que esas bacterias orales influyen en la inflamación del intestino y en enfermedades como la de Crohn", indica Marta Garaulet.

De esta manera comer tarde en la comida principal, en la del mediodía, que supone un 45% de la energía del día, es una entrada masiva de energía y la bacteria se adapta y esa adaptación puede asociarse con problemas metabólicos.
Actualmente dormimos unas 6 horas y media frente a las 9 horas de sueño de los años 70, advierte la investigadora Marta Garaulet. Dormir poco se asocia con mayor riesgo de obesidad al afectar al ritmo circadiano (el ciclo del día y la noche) de nuestro organismo.

"Las ocho horas siguen siendo el estándar medio para dormir y tener un buen estado metabólico", explica la experta en crononutrición, la disciplina que estudia los ritmos biológicos de los seres vivos y su relación con la alimentación.
Para estudiar cómo incide el sueño en nuestro metabolismo, el equipo de Garaulet ha analizado el tejido adiposo humano, la grasa, que cultivan en una placa y observan como varía el ritmo de la insulina a lo largo del día y la noche.
"Un ritmo diario amplio, que sube y baja, es un ritmo saludable y se asocia a menos obesidad y a más salud. Pero hemos observado que ese ritmo se aplana, disminuye, se estropea al dormir poco o cuando nos acostamos muy tarde", apunta Garaulet. Y concluye: "Aquellos que duermen 9 horas tienen el ritmo de insulina con más amplitud, más saludable que los que duermen menos horas, lo que a la larga puede influir en tener menos propensión a sufrir diabetes".

Por tanto, la corta duración del sueño se asocia con un mal ritmo circadiano y con problemas metabólicos y propensión a la obesidad, afirma la investigadora. 

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