Entrevista exclusiva para Diari de Terrassa
Josep Rull i Andreu, exconseller de Territori, preso en Lledoners

Josep Rull: "Han inventado la violencia sin violencia"

13.11.2018 | 04:00
Josep Rull i Andreu en una entrevista de hace un año.

Esta entrevista se realizó en la tarde del miércoles 7 de noviembre de 2018 en un locutorio del Centre Pernitenciari de Lledoners en Sant Joan de Vilatorrada

¿Cómo está usted?
Bien, bastante bien, esta semana estoy en un pico alto de estado de ánimo. Hay momentos de todo, pero en lineas generales, bien, con la máxima dignidad. Mi talón de Aquiles es todo lo relacionado con mis hijos, con mi familia. De todas formas, mejor aquí que en Madrid.

La semana pasada tuvo que ser dura.
No fue agradable, no le voy a engañar. Los escritos de acusación de la Fiscalía y la Abogacía del Estado eran previsibles, pero cuando ves que te enfrentas a penas de prisión de dos dígitos es una situación que hay que gestionar.

También está la acusación de Vox.
Sí, me piden 74 años. Permítame que ni siquiera lo comente.

¿Están ustedes sorprendidos por las peticiones de penas?
Dejando al margen, como le he dicho la de Vox, no nos han sorprendido. Nosotros preveíamos una petición de penas de entre quince y veinte años. No íbamos desencaminados. La Fiscalía me pide dieciséis años y la Abogacía del Estado, once.

¿Esperaba usted un gesto por parte del Gobierno a través de la Abogacía del Estado?
Siempre tienes la íntima esperanza, pero, en realidad, no esperábamos nada. Sí le diré que, aunque también lo esperaba, ver plasmado en un escrito de acusación el relato de los hechos por los que me acusa tanto la Abogacía del Estado como la Fiscalía produce, digamos que indignación. Y es especialmente doloroso cuando procede de la Abogacía del Estado.

¿Qué diferencia hay?
Pues que de la Fiscalía te lo puedes esperar, aunque no está de ningún modo justificado, pero la Abogacía del Estado es el Gobierno directamente el que ejerce la acusación y te acusa de sedición y sitúa la petición de pena en la franja alta. No olvidemos que estamos ante un Gobierno socialista, que se dice progresista y que en su escrito de acusación pone en cuestión derechos fundamentales y construye un relato de los hechos basado en una gran mentira. Es todo un contrasentido.

¿A qué se refiere con la mentira?
Mire, el relato sobre el que se basa la acusación es falaz, inventado y malintencionado y, además, de muy poca solvencia desde una perspectiva de pura técnica técnica jurídica. Ese relato pone en cuestión, como le digo, derechos fundamentales como el de reunión, el de manifestación y el de opinión, la libertad de conciencia.

¿Ese mensaje cala como cierto en la ciudadanía?
Debería hacerlo. Es por ello que cuestiono la calidad democrática del Estado español. A mi se me acusa de rebelión y sedición por haber firmado el acuerdo por la independencia con Muriel Casal, Carme Forcadell y Marta Rovira, que no era otra cosa que la fijación de unos objetivos políticos que se plasmaban en un programa electoral. Por tanto, me acusan por un programa electoral. Me acusan también de haberme reunido para preparar el proceso de independencia, por lo que se ponen en cuestión los derechos de representación y de reunión. En España no está prohibido ser independentista ni está prohibido reunirse para trabajar por la independencia.

También le acusan de impedir, como conseller, la entrada de los barcos del "Piolín" en Palamós.
Sí, es en lo que se pone más énfasis. Eso es extraordinario. Es la tercera pata de la acusación. Los barcos que debían alojar a las fuerzas de seguridad del Estado para reprimir el referéndum del 1 de octubre no podían entrar en el puerto de Palamós. Hubiese sido una irresponsabilidad. Esa infraestructura no reúne las condiciones necesarias para acoger embarcaciones de esa magnitud durante todo el tiempo que debían estar allí. Sólo cabe uno y hay tráfico de cruceros cada día. En Tarragona bien que pudieron atracar. Además de que, formalmente, el ministerio del Interior no lo solicitó. Por tanto, el ejercicio diligente de la gestión portuaria lo convierten en un acto de odio y en la base de una acusación por rebelión.

¿Qué recorrido jurídico pueden tener esas acusaciones?
Nos esperamos cualquier cosa, pero debo confesarle que confiamos, también íntimamente, en que todo se desarrolle desde el sentido común. Esto es muy peligroso para la Democracia en general, para la democracia europea incluso. Vea que, sobre esa base, el delito de sedición puede extenderse a cualquier protesta que se pueda producir en la calle. Hace pocos meses hubo una huelga de taxistas en la que se registraron algunos incidentes de escasa consideración, pero que sobre la misma base de nuestra acusación, se podrían convertir en acciones tumultuarias dignas de una acusación por sedición o por rebelión. Recuerde aquella manifestación de jubilados ante el Congreso de los Diputados; hubo quien zarandeó las vallas instaladas por las fuerzas del orden ¿Debemos enmarcar esas acciones de protesta en una conducta tumultuaria o sediciosa? Es inaudito

¿Qué dicen sus abogados?
Están en estado de shock. El juez Llarena ha realizado una instrucción torpe, contraviniendo incluso el Código Penal y aplicando una prisión preventiva de forma ilegal, pero las acusaciones han inventado la violencia sin violencia. Se acusa de violento a aquel que sufrió la violencia, puesto que sólo tenemos que recordar lo que pasó el 1 de octubre. Insisto en que el relato de los hechos que se construye atenta contra derechos fundamentales y esto debe interpelar a todo el mundo, sea independentista o no; se está atacando a la linea de flotación de los derechos civiles, a la esencia misma de la democracia.

¿Se considera usted un preso político?
Por supuesto; rotundamente sí. Mis compañeros y yo estamos en prisión por nuestras ideas y los que están en el exilio lo están por las ideas. Es una locura; no se puede meter en la cárcel a más de dos millones de personas que están a favor de la independencia. No me cansaré de decir que estamos ante un problema político que no se puede solucionar en una sala de juicios.

¿Ustedes insisten en esa idea, pero cómo se puede arreglar desde la política si todo pasa por un referéndum que una de las partes niega de salida?
Llegará un día en que se tendrá que negociar. Cada vez hay un mayor número de personas que está a favor de la convocatoria de un referéndum, pero no sólo en Catalunya, también en España. El líder de podemos, por ejemplo, ha hablado de un referéndum y en contra de que estemos en prisión. Pablo Iglesias ha sido valiente, como lo fue en su momento la vicepresidenta Calvo, aunque hace pocos días dio un giro en su postura. Es difícil, porque los poderes fácticos son de una contundencia extrema, pero hay margen, hay más recorrido del que parece. Pienso que la ciudadanía va por delante de la política y eso dará sus frutos en un momento u otro.

La división del independentismo no ayuda.
Bien, en ese aspecto, es cierto que se ha producido un movimiento sísmico importante. Debemos reconocer que no ha sido menor, pero ahora las placas tectónicas se deben estabilizar. Tendremos capacidad, sin duda, de establecer una nueva estrategia conjunta y recuperar la unidad de acción desde el escenario que sea. Es verdad que lo podemos hacer mucho mejor. Debemos recoser las costuras y estoy seguro de que el independentismo alcanzará acuerdos.

Ahora ya saben a lo que se enfrentan.
A usted mismo le dije el año pasado que nuestro problema es que en aquel momento entrábamos en terreno ignoto, que no sabíamos cuál iba a ser la reacción del Estado. Ahora, lamentablemente, sabemos que el Estado es omnipotente y es capaz de todo, que la Unión europea toma distancia, por el momento con el procés, etcétera. Pero tenemos que poner en valor lo que ya conocemos y tenerlo en cuenta para establecer nuevas estrategias con la cartografía de la que disponemos desde la unidad de acción y con un Govern operativo.

¿Cómo afronta el juicio?
Con cierta preocupación. No tendré la sensación de estar ante un juicio justo si se mantienen las condiciones que temo. Es decir, tome como ejemplo que la fiscalía presenta 270 testigos, nosotros también presentaremos muchos. La vista se puede desarrollar a lo largo de entre cuatro y seis meses. Cada día nos tendremos que levantar a las seis de la mañana para ir desde Soto del Real o Alcalá-Meco hasta los calabozos de la Audiencia Nacional y desde allí hasta el Tribunal Supremo y luego volver a la prisión después de jornadas agotadoras. Si estuvieses en libertad podríamos preparar el juicio con más garantías. Serán unas condiciones injustas e inhumanas.

¿Confía en que se resuelva alguno de los recursos que han presentado?
Mire, le explicaré una cosa para que vea cómo de perversa es la maquinaria del Estado. Nosotros hemos presentado nueve recursos de amparo al Tribunal Constitucional. Se trata de una cifra del todo inusual, pero eso responde a una razón. Si no se admiten los recursos, nosotros tendríamos posibilidad de dirigirnos a Estrasburgo y como no quieren que les pase lo mismo que con el caso de Otegui, los admiten, pero dilatan su resolución en el tiempo para que no nos podamos defender. Y así se lo dicen a periodistas y lo solemnizan en círculos privados. El Tribunal Supremo está politizado y es vengativo y esa actitud sí encuentra amparo en el Tribunal Constitucional.

Oiga, le vuelvo a preguntar. ¿Vale la pena?
Le aseguro que sí. Cada día que pasa refuerzo mis convicciones pese a la expresión brutal del poder español. La cúpula de los jueces es técnicamente mediocre, pero poderosa. Piense en las resoluciones de tribunales como Alemania, Bélgica o Escocia o en escándalos como el del impuesto de las hipotecas. Pero con todo, estoy seguro de que nuestro sacrificio no es en vano. Construiremos una realidad diferente en Catalunya y también en España. Después, nada será igual y eso ya vale la pena.

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