El abandono de muebles equivale a que cada familia renueve la casa cada 5 años

25.08.2018 | 09:22
Operarios municipales retiran unos muebles de una esquina.

La presencia de muebles, electrodomésticos, colchones y trastos viejos en la calle sigue aumentando en la ciudad, donde el volumen de enseres es hoy uno de los retos más complejos a los que se enfrenta el servicio de limpieza. Las cifras superan todas las previsiones hasta rozar lo inexplicable. En este momento se están retirando una media de 350 mil kilos de muebles cada mes -365.040 extraordinariamente en julio-, una cifra sin precedentes.

En Terrassa hay 50 mil hogares, de manera que el dato es el equivalente a que cada vivienda generara 7 kilos mensuales de muebles viejos, 84 kilos anuales. O lo que es lo mismo, que los terrassenses renováramos por completo el mobiliario de casa cada cinco años.

No parece que la mayoría de las economías familiares lo permitan, de ahí que técnicos y políticos le den vueltas al fenómeno en la búsqueda de la clave de tantos trastos en la calle.

Todos los indicadores de residuos evidencian una discreta mejora de la economía y del consumo. La fracción de los voluminosos, sin embargo, opera como un verso libre en la ciudad. En ella las estadísticas, y mucho más las estampas de colchones y muebles desparramados junto a las baterías de contenedores, llevan años en cifras de récord.

Durante los primeros seis meses de 2018 se han retirado de las calles de Terrassa más de dos mil toneladas de enseres (2.034 tn.), un 30 por ciento más que en el mismo periodo de 2016 (1.563 tn.). Ese año, los camiones de la empresa municipal Eco Equip retiraban 8 toneladas diarias de colchones, sofás y armarios. Actualmente ya se ha doblado la cifra y el servicio carga a diario una media de 16,6 toneladas de voluminosos. En la calle, la imagen de muebles amontonados se registra en toda la ciudad, aunque con mayor intensidad en barrios como Ca N'Aurell, Torre-sana, Ca N'Anglada y Sant Pere Nord.

En la mayoría de los casos, los vertidos corresponden al vaciado de una vivienda, de manera que el fenómeno no responde a la llegada de residuos foráneos o masivos, sino al incivismo de particulares o bien de los industriales que instalan el mueble o el electrodoméstico nuevo y retiran el viejo.

Sensación de impunidad

La casuística de los abandonos da idea de la impunidad con que actúan muchos de los que abandonan enseres junto a los contenedores. El pasado mes de julio aparecieron doce colchones junto a una batería en la calle de Josep Tapiolas. Alguien finalizó el reparto de los nuevos y decidió dejar los viejos en plena calle. En Festa Major, un vecino de la plaza de Freixa y Argemí vació por completo su piso, incluidos los marcos de las puertas, el día en que más ciudadanos pasean por el centro de la ciudad. Fue denunciado y acabó utilizando un contenedor. El catálogo de abandonos es infinito. Hace unos meses un vecino se deshizo de una barca vieja dejándola junto a unos contenedores de la carretera de Rellinars. Ante la dimensión del problema, el gobierno municipal ha decidido modificar el actual sistema de recogida de muebles (llamada a Eco Equip, que fija un día de recogida) y copiar el modelo de Barcelona, que establece un día de retirada de muebles a la semana en cada barrio.

Prueba piloto en segle xx

En noviembre se hará una prueba piloto en el Segle XX para evaluar la eficacia de la medida. A principios de octubre arrancará una campaña informativa con cartas a los residentes con el lema "Els mobles, al día".

Con el sistema actual sólo un 10 por ciento de los enseres retirados de la vía pública responden a la llamada previa de los propietarios. El 90 por ciento son servicios tras la denuncia de algún vecino o de la policía municipal o bien responden a actuaciones de oficio de los servicios municipales. El modelo actual desborda por completo los equipos de Eco Equip, que se ven obligados a recorrer a diario casi toda la ciudad. Entre junio y julio se han cubierto hasta doscientos puntos de vertidos en un solo día. A mediados del mes pasado, el servicio registró una punta de 42 operarios en la calle y casi 25 toneladas de enseres retirados.

Se espera que el nuevo sistema ponga orden en la recogida de muebles y permita ajustar los equipos y turnos de trabajo a las retiradas diarias, que ya no serían aleatorias y estarán sujetas a una regularidad. Probablemente será necesario, eso sí, incorporar camiones de mayor capacidad (los actuales son de 3,500 kilos) para optimizar los viajes.

Con la implantación del modelo en toda la ciudad se intensificarán también los controles y las sanciones.

La medida irá asociada a la revisión o eliminación de la tasa de vertido de las deixallerias municipales de Can Barba y Can Casanovas. La última reunión de la Mesa de Residuos debatió la oportunidad de eliminar los límites de las deixallerías y con ellos las tasas.

Actualmente, los vertidos particulares comportan bonificaciones en la tasa de residuos, pero si la carga superan los 250 kilos o el metro cúbico, se pagan 0,14 euros por kilo excedente. La medida esta pensada para los industriales -los particulares difícilmente superan esos límites-, entendiendo que si utilizan el servicio de manera regular, deben pagarlo.

La fórmula no ha funcionado y la prueba está en que muchos optan por ahorrarse la tasa y dejar los muebles viejos en la calle, de donde tarde o temprano acaban siendo retirados, aunque después de convertir la vía pública en un vertedero de trastos, ofreciendo una imagen de dejadez que levanta las críticas de propios y extraños.

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