Festa Major 2018

Malabares, acrobacias y humor de circo en la Plaça Vella

04.07.2018 | 04:00
Malabares, acrobacias y humor de circo en la Plaça Vella
El dúo de equilibristas Voël, durante su actuación.

En el siglo anterior, el martes de Festa Major equivalía a concierto por la noche, con estrella, en el campo de futbol del Terrassa. Desde el cambio de milenio, a tarde de circo, una tradición completamente enraizada y lo prueba el hecho de que ayer la Plaça Vella presentaba un lleno absoluto, básicamente de familias con niños, para presenciar la "Gran Gala de Circ Festa Major", que además formaba parte del décimo aniversario de la asociación circense terrassense Tub d'Assaig, que se ha encargado de ella en los últimos años.

"A compartir"
Con la música en directo de la compañía Marabunta, Guillem Albà fue el encargado de presentar los artistas y números de diferentes disciplinas que se sucedieron en el escenario, dispuesto con formato de pasarela en el centro más la parte al fondo de la plaza, absolutamente repleta de espectadores.

Abrieron Hotel Iocandi, esto es, Tomeu Amer y Griselda Juncà, una joven pareja de equilibristas con escalera, por la que subieron, se deslizaron, se la tiraron de un lado y para el otro, y al final ella se lo llevó a él atrapado entre dos peldaños, arrastrándolo con fuerza. Y seguidamente apareció el presentador, Guillem Albà, con la compañía musical Marabunta al fondo poniendo la banda sonora de la gala. "A compartir con la Marabunta" fue el lema que repetiría en diversas ocasiones durante el espectáculo.

Como a Guillem Albà le pareció que el público había aplaudido poco su salida, hizo repetir el aplauso varias veces "ahora como si fuéramos famosos internacionales", y pidiendo famosos en concreto. La siguiente actuación fue la del "Mago Marc" y su "Ayudanta", que tras hacer desaparecer un plátano comiéndoselo, solicitaron un voluntario. "Voy a bajar [a buscarlo] solo para joder", y con ello empezó la gala de tacos. "Puede ser un adulto, no miren al suelo cuando yo pase. Hay que pasar la responsabilidad a los adultos. Hay que joder a los adultos." Al final sacó a una niña y el truco de "magia" consistía en hacer desaparecer las patatas de una bolsa obligando a la niña a comérselas.

"!Qué mierda de público!"
Albà dedicó una canción a un niño que se había perdido y acababan de encontrar, y comenzó a hacer mímica, pidiendo al público que adivinara la "emoción" que representaba. "¿Qué no os llevan a espectáculos contemporáneos? !Que mierda de público!". ¿Qué no sois de Terrassa?", iba soltando. Tras alguna palabra altisonante, calificada por alguien del público como impropia de un espectáculo para niños, reveló que estaba simbolizando el enamoramiento, y él y los músicos comenzaron a recitar un pupurri de versos de amor, seguido de un medley de canciones románticas. A sus espaldas apareció un camarero con dos copas de cava. Albà ofreció una de ellas a una espectadora de la primera fila, que la bebió y le contestó. "Mejor uno joven que uno viejo, y tú estás bien", dijo Albà que le había dicho. ¿Sería cierto?

Dos números clásicos
Y dio paso entonces a la actuación de Luis Niño Villescas "Totó", artista chileno que hizo un ejercicico con malabares tan clásico como bonito y efectivo. Después del humor, el público agradeció presenciar un número de circo, que era lo anunciado esa tarde. Sostenido por una música trepidante y muy adecuada, "Totó" comenzó con cuatro malabares, fue aumentando su número y demostró una precisión y elegancia absolutas, y con una actuación que se hizo corta obtuvo un gran aplauso. La aparición de "Fakir Magnífic" devolvió la gala al territorio del desenfado. Sopló una bengala en una botella, cantó "Je suis le fakir", le tiraron una bolsa de patatas, coreó "sin gluten, oe, oe," y la abrió y las lanzó al suelo para pisarlas como los vidrios o el fuego que pisan los auténticos fakires.

El circo volvió a la gala con el duo Voel, un chico y una chica que, en la parte del fondo del escenario, y en base a una pequeña y elevada plataforma, ejecutaron atrevidas acrobacias, realzadas por una trepidante música rock. El la tiró y la recogió al aire, la estiró sujetándola por las manos, ella se le puso sobre los hombros y luego en los brazos, y al final la dejó caer en la colchoneta de la superficie. De nuevo, un corto e intenso número de circo tradicional que acabó con grandes aplausos.

La gala llevaba una hora desarrollándose, y Alba y Marabunta anunciaron que "hasta aquí el espectáculo. ¿Quieren un poco más? Pues vamos a compartir". Y con el lema de "compartir", y un discurso "buenrollista", consiguió que toda la Plaça Vella estirara los brazos hacia arriba e hiciera chocar las manos. Final y conclusión con filosofía práctica y vital: "No sabemos cuanto rato nos queda de vida. Así que dejémonos de tonterías y celebremos que estamos vivos".

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