Jaume Cabré y el referéndum: "Ahora es momento de batacazos, después vendrá la calma, seguro"

13.09.2017 | 16:53
Jaume Cabré y el referéndum: "Ahora es momento de batacazos, después vendrá la calma, seguro"

El escritor vivo más internacional de la literatura catalana, Jaume Cabré, que mañana recibirá el Premio Trajectòria de la Setmana del Llibre en Català, se ha pronunciado hoy sobre cuestiones actuales y ha considerado que "es momento de batacazos, pero después vendrá la calma, seguro".

El autor de "Jo confesso", a preguntas de los periodistas, ha sostenido que en el ámbito de la cultura catalana siempre "hay trabajo por hacer y ahora con las olas que vendrán, todavía más, por desgracia".

A su juicio, "lo que buscamos todos es la normalidad de vida, de acción de nuestras instituciones, lo que conseguiremos. Ahora es momento de batacazos, pero después vendrá la calma, seguro", ha precisado.

En una rueda de prensa celebrada en la avenida de la Catedral de Barcelona, interrumpida por unos trabajadores del sector de artes gráficas que reclamaban "un convenio digno", Jaume Cabré ha rememorado sus inicios como escritor, antes de llegar a los veinte años, y ha subrayado lo bien que lo pasa con sus lectores.

"Encontrarme con los lectores -ha aseverado- es uno de los deportes más gratificantes, oír lo que dicen y que te expliquen cómo ven las novelas, empezando de cero y con una mirada virgen".

También ha respondido sobre lo que supuso para la literatura catalana la feria del libro de Fráncfort (Alemania) de 2007, cuando fue la invitada y cuando él empezó a ser conocido fuera de España, con legión de lectores en países como Alemania, donde uno de sus seguidores acérrimos es el actual presidente del Partido Socialdemócrata (SPD), Martin Schulz.

En su opinión, la feria "fue fundamental en el sentido de dar a conocer una realidad que el estado español iba escondiendo, y que para ellos fue una sorpresa por su vitalidad".

Hoy, ha destacado, tras presentar en México en agosto "Yo confieso", tiene la sensación de "jugar en casa yendo por el mundo", y lo mismo cree que les pasará a otros colegas, a la vez que no ve diferentes las cuestiones que le formulan lectores de Salónica (Grecia) o Cracovia (Polonia) u otros de Torroelles de Llobregat, lo que, en parte, ha remarcado, tiene que ver con "las buenas traducciones".

Tampoco ha escondido que hace unos años podía haber reticencias en el ámbito latinoamericano por autores catalanes traducidos al castellano o que firman con nombres catalanes, como el suyo.

Sin embargo, "unos argentinos me dijeron en un encuentro en Chicago que no tenían ninguna manía". "Estas reticencias -ha continuado- se han perdido y muchos lectores lo que buscan es literatura y si un autor les interesa, les da lo mismo su procedencia, a pesar de los momentos de tirantez, lo que es una conquista que se ha hecho".

Jaume Cabré, que ha reconocido que a medida que se hace mayor es más lento escribiendo y le cuesta más el oficio y cree que cada uno de sus libros es deudor del anterior, incluso de aquel primer texto que creó con voluntad literaria siendo un adolescente y donde "describía el nacimiento del día en un pueblo, sabiendo que cada palabra que ponía no era neutra".

Tras aquel detonante, más que empezar a escribir empezó a leer y leer, llegando a la conclusión ahora, cuando ya ha cumplido los setenta años, que "nunca acabaré de leer todo lo que me interesa leer".

En su haber, novelas como la aclamada "Jo confesso", "Les veus del Pamano", "Senyoria" o "La teranyina". "Lo que sí he visto claro -ha aseverado- son las posibilidades de la narrativa para explicarnos cosas no del todo racionalmente, con una mezcla de intuición y sentimiento".

Sobre proyectos futuros y como es habitual en él, ha dicho que siempre está trabajando, sin planificar, y que en medio de una conversación banal pueden aparecer frases que luego utilizará en sus obras.

En cuanto a sus últimas lecturas, ha confesado que en la bolsa lleva la última obra del poeta Antoni Clapés, que espera empezar a leer en el tren con el que viajará este mediodía hasta su casa de Matadepera, tras adquirirla en una caseta de la Setmana.

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