Salud

La gastroenteritis, típica del verano

30.08.2016 | 04:20
El dolor y los retortijones abdominales son dos de los principales síntomas de la gastroenteritis.
El dolor y los retortijones abdominales son dos de los principales síntomas de la gastroenteritis.

Se presenta con dolor abdominal, con vómitos, náuseas y diarrea. Estos síntomas, aunque por lo general sólo duran unos días, resultan muy molestos e incapacitantes. Saber cómo actuar cuando aparecen es clave para que la gastroenteritis, una patología que resulta frecuente en verano, pase cuanto antes.

En concreto, este trastorno consiste en la inflamación de la mucosa del estómago, lo que se conoce como gastritis, y la del intestino (enteritis). Lo más habitual es que esté provocada por un virus, que puede ser de diversos tipos, según explica Enrique Peña Forcada, miembro del grupo de trabajo de digestivo de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria. La gastroenteritis de origen vírico también se conoce por el nombre de gripe intestinal.

Virus y bacterias
Asimismo, las bacterias también pueden provocar gastroenteritis, aunque es algo que ocurre con menos frecuencia. "En este caso, la gastroenteritis suele estar relacionada con ciertas intoxicaciones alimentarias, que pueden deberse a distintas causas, como la elaboración de alimentos con una higiene que sea deficiente o por una mala conservación de los productos", comenta el doctor Peña.

El especialista precisa que los principales síntomas de la enfermedad son náuseas, vómitos, diarrea, retortijones abdominales, dolor abdominal, fiebre moderada, cansancio, dolores musculares, escalofríos y pérdida del apetito.

"Normalmente, las gastroenteritis son afecciones intestinales de carácter leve y autolimitadas, es decir, que con medidas generales y si el paciente sigue una dieta adecuada, acostumbran a durar unos cinco o siete días, aproximadamente", afirma el experto.

No obstante, la gravedad puede aumentar en ciertas situaciones. Por ejemplo, en pacientes con determinadas enfermedades graves asociadas, tales como el cáncer (dependiendo de su estado previo) o la insuficiencia renal.

Tener unos síntomas muy intensos, así como las gastroenteritis derivadas de intoxicaciones alimentarias provocadas por determinadas bacterias, también pueden hacer que la gravedad se incremente. En todo caso, para hacer frente a un cuadro de gastroenteritis, hay que prestar una atención especial a prevenir la deshidratación, que se puede dar debido a que el enfermo pierde líquidos a través de los vómitos y la diarrea.

Beber de forma regular
Por ello, para superar la dolencia, el primer consejo del doctor Peña es tener un buen aporte de líquidos. "Hay que tratar de beber poco a poco, pero de forma más o menos continua durante todo el día. En principio, podemos usar cualquiera de las soluciones de rehidratación oral que existen en el mercado, siempre que sigamos bien las instrucciones de uso", declara.

Al mismo tiempo, el facultativo sostiene que, salvo que haya una intolerancia completa a la comida y se vomite sistemáticamente todo el alimento, no es conveniente dejar de comer por completo. "Se debe comer poco a poco, en pequeñas cantidades, sin llenarse y masticando bien", detalla.

Sólo alimentos ligeros
Pero si los síntomas son tan importantes que impiden al paciente beber o comer, puesto que vomita todo lo que trata de tomar por la boca, se hace necesario "acudir a un médico para que éste valore las distintas alternativas de tratamiento", manifiesta el doctor.

A parte, ante una gastroenteritis, el médico advierte de que hay que evitar los lácteos, incluido el yogur, durante los dos o tres primeros días. ¿Por qué razón? El especialista explica que con la gastroenteritis se produce una intolerancia transitoria a la lactosa que más tarde se va resolviendo poco a poco.

Los alimentos que se ingieran no deben tener grasas ni aceites, han de ser ligeros y deben cocinarse a la plancha o hervidos. Además, hay que elegir productos más o menos astringentes, como pollo sin grasa, pescado blanco, patata y zanahoria hervida o manzana sin piel.

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