Diada de Sant Jordi
Pep Puig, escritor, ganador del último premio Sant Jordi

"En verano, idealizábamos a las chicas solo mirándolas"

25.04.2016 | 04:22
El escritor terrassense Pep Puig.
El escritor terrassense Pep Puig.

El 3 de septiembre de 1981, por la noche, mientras jugaba a "cuca amagar" en Ullastrell, una niña de 12 años, Sara Amat, desaparece. Aunque nadie lo sabe, se ha colado por la puerta trasera de la casa de otro niño de su misma edad, Pep de Cal Sabater, hijo único, terrassense pero que pasa los veranos en el pueblo, en casa de su padrina. Así arranca "La vida sense la Sara Amat", la novela con que Pep Puig (Terrassa, 1969) ganó el Premi Sant Jordi 2015, y que promete ser uno de los libros más vendidos durante la jornada de hoy. La chica pasará diez días escondida en la habitación de Pep, dedicada básicamente a leer "Guerra y paz". Ambos protagonizan una historia que aborda el paso de la infancia a la adolescencia, y el mundo interior (y la percepción de las chicas y las cosas) de los chicos de la última generación que hizo educación diferenciada, más marcado aún en los hijos únicos, como es el protagonista; un tema (¿y una tribu?) casi inédito en la literatura catalana.

El mismo día que hablamos con Pep Puig, la prestigiosa editorial italiana Marsilio Editori confirmó que traduciría el libro a la lengua de Dante; una muy buena noticia para el escritor terrassense. "En Italia puede funcionar muy bien, porque participa de un mundo relativamente común, de los pueblecitos. Además me gusta mucho toda la cultura italiana, el cine, Pavese. Me ha hecho mucha ilusión", afirma. "Es la novela que buscamos, tierna, inteligente y con personajes maravillosos", escribió el responsable de Marsilio a Proa, editora del libro.

¿Por qué una novela sobre el paso de la infancia a la adolescencia?
No fue premeditado. Te sale. Hay un germen que va creciendo. El Ullastrell de la novela se parece mucho al Ullastrell real de 1981, pero no completamente. Soy fiel a la novela, no a la memoria.Como novela que toca tanto esta frontera, hace muy evidente este espejo hacia el otro lado, la vida adulta.

Las primeras páginas dan la impresión de que presentan una historia real, acentuada por el hecho de que el protagonista se llama como el autor, también es escritor, y sabemos que pasaba sus veranos de infancia en Ullastrell. ¿La novela está basada en algún suceso real?
No. Tú haces que un hecho relativamente inverosímil -como que una niña esté escondida durante diez días en el cuarto de un niño- pueda atrapar al lector, hacerlo sospechar, que todo el tiempo se interrogue si es verdad o mentira. Y al reves: que un hecho que en principio habría de ser una invención, pueda convertirse en realidad. Me interesa que el lector bordee por una línea ambigua entre la ficción y la realidad; entre la memoria inventada y la memoria real; que participe en este juego.

Al final, cuando dice que la niña se ha ido del pueblo, vuelve a surgir la duda de si es una invención.
La novela es la idealización llevada al extremo de una chica. Antes, íbamos a colegios solo de chicos, y cuando llegaba el verano, veíamos una chica y la idealizábamos solo con mirarla, espiándola. En el cuarto, jugábamos a estar con ella, de manera imaginaria. El protagonista no solo la espía sino que se la lleva al cuarto para oír como habla, como ríe, para tocarla, para olerla, para estar con ella. Es este juego llevado al extremo. Como esta chica que no deja de ser un amor platónico se acaba convirtiendo en una realidad, para volver a ser finalmente una idealización. Porque un amor de infancia, pase lo que pase, siempre desaparece. Cuando llegamos al otro lado, ya no volvemos a ser nosotros mismos nunca más.

La historia que desarrolla la obra no deja de ser un juego.
Sí, un juego con el amor, con la realidad, con todo. Si la lees en términos estrictamente realistas, encontrarás digamos que incongruencias narrativas. Querría que el lector participara de este juego entre invención y ficción.

Al final, Pep de Cal Sabater se cura de este platonismo, en Terrassa y gracias a Mireia Balagué, la fogosa alumna del colegio Vedruna (él va a la Escola Pia) con la que se pega el primer morreo. Lo suyo con Sara Amat no es la locura de Don Quijote con Dulcinea, pero también acaba entrando en el mundo real.
Sí, exactamente así. El cambio hormonal define dos realidades completamente diferentes. El niño no está capacitado para el deseo. El cuerpo no le pide acercarse a ella más que con cuatro carícias y un beso. En cambio, cuando las hormonas se le despiertan no solo tiene ganas de hacerse una paja sino de acercarse a las chicas de verdad.

Mirea Balagué, además, enseguida le engaña con otro. Ya está en el mundo absolutamente real.
Claro. Cuando llega el segundo verano y se mira al espejo, dice "ahora te habrías de haber escondido, Sara; que bien que lo habríamos pasado si estuvieras aquí".

¿Rememoró los pensamientos y sentimientos que tenía a esa edad, antes de ponerse a escribir?
Ese esfuerzo está, pero una vez te situas en esta geografía de la infancia van saliendo las cosas. Lo que más me costó fue el personaje de Sara, la manera en que esa niña que al principio es más simbólica va dejando de serlo. Tuve que decidir si me iba hacía una novela más abstracta y simbólica o más realista (y, por lo tanto, daba más vida a Sara, que fuera un personaje que pudiera "combatir' al protagonista, una niña más viva). El niño me costó relativamente poco, recuperarlo.

No deja de ser el mundo interior del niño, pero recordado por una persona que ya tiene 40 años, que en ocasiones asegura que no se acuerda bien de algunos detalles.
Son recursos literarios para enganchar mejor al lector, para que se deje engañar mejor. Un niño no tiene las palabras para explicar esta historia. Me gusta que haya esta distancia, que a través de las palabras, precisamente, el narrador reconstruya una memoria y lo haga a partir de todos los recursos que tiene el lenguaje, entre ellos los gags. Hay muchos gags, en mi literatura. A veces son más blancos, como su cede en esta novela, en otros libros más negros, más evidentes.

Hay intriga en saber cómo reaccionará Sara Amat, lo que tiene en su cerebro, hasta cuando estará escondida en la habitación de Pep.
Sí, pero no puedes leerla como una novela de intriga o de misterio. Es una novela de intimidades, de "tempos", de gestos. Sí que existe una evolución psicológica de Sara, menos evidente que la del niño, que es el narrador. Pero Sara es una invención, en principio, y por tanto, ¿hasta qué punto nos la llegamos a creeer? Cada lector ha de participar en este juego como quiera.

Cuando aparecen los guardias civiles, y se menciona otra chica del pueblo que desapareció hace años, parace que la novela vaya a convertirse en una policíaca.
Sí, pero no quiero hacer pasar esta visita como algo que sucedió de verdad. El narrador está creando una ficción, también. No buscaba una verosimilitud máxima, al contrario, un juego de complicidad con el lector, que vayan apareciendo como estereotipos de una situación real pero escritos con una cierta ironía y lógica humorística.

Lo más inverosímil quizá sean las comidas, esto es, que Sara Amat pueda alimentarse diez días con lo que Pep le ratea a su padrina.
Al final, pensé "¿has de explicar cada vez que le lleva comida?" Pues ves derecho y ya se sobrentiende que le va trayendo de comer. Entre el ámbito de la habitación y el del pueblo hay como una diferencia de dimensiones. Un crítico de La Vanguardia habló bien de la novela pero decía que porqué cuando llega la carta que la niña envía a sus padres no acude la policia científica. !Esto es que no has entendido nada, tío!. Que no has entrado en este juego de ficción, en el que la mayoría de lectores sí está participando. ¿Y por qué el pueblo no la busca más? Yo creo que la gente tampoco lo hubiera hecho, pero lo importante es lo que sucede allá dentro, en la casa, y no fuera.

Sara Amat se pasa los días en el cuarto de Pep leyendo "Guerra y paz" de Tolstoi. ¿El lector se pierde alguna cosa del significado de "La vida sense la Sara Amat", si no ha leído antes "Guerra y paz"?
Creo que no. La niña primero mira mucho por el balcón, al lugar de donde se ha ido, y finalmente coge el libro y se adentra en un mundo de personajes donde bate la vida de verdad. "Guerra y paz" de Tolstoi es una ventana a bierta al mundo.

¿Porqué "Guerra y paz"?
Era fundamental. Desde el punto de vista de estrategia narrativa, había de ser un libro lo suficientemente grueso para todos los días que se está allá dentro. Por otra parte, "Guerra y paz" es una novela como las de antes, clásica, un mundo de verdad. La paz de Tolstoi era el ámbito familiar, de seguridad, donde sentirte protegido, y la guerra no era solo el ámbito bélico sino el lugar, el espacio, el tiempo, donde dejas la seguridad de la familia, arriesgas alguna cosa y te conoces a tí mismo. El niño vive en un mundo de paz (la casa de la padrina, los padres, Ullastrell, el verano) y la guerra sería el mundo adulto, la Sara, el sexo, los secretos. La niña, para llegar hasta ella, le pide algunas pruebas, un proceso iniciático, que pase de la paz a la guerra.

Un aspecto muy importante de la novela es la descripción del ambiente de Ullastrell en ese año de 1981. Salvo un par de escenas en Terrassa, se desarrolla casi por entero en el pueblo. Puede decirse que es la "primera novela de Ullastrell".
Sí. En Ullastrell están muy contentos. Pero yo tampoco soy el Pep de Cal Sabater, porque tengo hermanos, y Cal Sabater era Cal Barber. El Ullastrell de la novela se parece mucho al Ullastrell real de 1981, pero no completamente. Soy fiel a la novela, no a la memoria. Sí que se respira ese ambiente recluido, provinciano. La gente que va a misa, la rumorología, el secreto, la frustración. Una especie de claustro del que Sara Amat quiere marchar

En 1981, en Ullastrell, ¿la gente todavía era tan religiosa?
Las cosas cambiaron radicalmente en poco tiempo. Sucedió en la mayoría de pueblos. La misa se llenaba y, de golpe, comenzó a vaciarse. Ahora va nadie,prácticamente. Toda esta gente que yo me encontraba en misa, se han hecho mayores, pero los niños, que acompañaban a los padres, no van. Evidentemente, había gente que no iba misa, pero en ese ámbito más protegido del niño, la sensación era que el domingo todo el mundo iba.

También han desaparecido los cines, otro elemento de la novela.
Como el televisor que solo tenía dos canales. Pero la ventana al mundo que la gente tenía era el cine. Ir al cine era un acto social. El cine como hecho social, como una mirada única hacia una realidad, se ha perdido. Esto, en "Cinema Paradiso", aunque sea una película un poco carrinclona, está muy bien descrito. Antes, en cualquier pueblo, por pequeño que fuera, había un cine.

El lenguaje tiene un registro coloquial, coherente con una manera de narrar cercana al lector.
Sí. Me gusta esta palabra de cercana. He intentado que la distancia entre el narrador y el lector sea la más pequeña posible. Se pueden hacer muchas trampas con el lenguaje,pero cuantas menos, mejor. Mercè Rodoreda lo decía: se pueden decir las cosas más dificiles de la manera más sencilla, y he buscado la sencillez.

También refleja una cierta habla terrassense del catalán, aunque incluya alguna expresión un poco incorrecta, como ese "por ahí"
Sí, esto de "por ahí" se dice mucho por Terrassa y su zona, y me lo han mantenido los correctores. Los diálogos sí que son como los de los niños, con una cierta punta. La niña es muy "poca-solta", el niño es más apocado, pero a medida que la novela avanza va creciendo.

¿Por qué escogió la primera persona para narrar esta novela?
Para hacer verosímil una historia como esta la primera persona funciona mucho mejor. Un testimonio externo, en un ambiente tan íntimo como un cuarto con dos niños, sería dificil, a menos que seas un narrador excepcional como Gabriel García Márquez. Esta perfección formal, a mi no me interesa tanto. Quería que el narrador no supiera tanto, que dudara más. Con la duda también puedes hacer una narración llena de contrastes.

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