Dos ladronas agreden a una esteticista en el barrio de Sant Pere

09.04.2016 | 04:22

Son maestros en el desconcierto a las víctimas, aun con gritos, y en repartirse los papeles; unos despistan, otros buscan el objetivo y dan el zarpazo. Esta semana dos ladronas asaltaron un centro de estética de Sant Pere. Empezaron exigiendo a voces comprar algo con un billete de cien, falso a todas luces, y acabaron agrediendo a una de las responsables del establecimiento para huir con su teléfono móvil.

Pasó el martes por la tarde en la calle del Pla de l'Ametllera. Una de las dos responsables del centro abrió la puerta tras oír el timbre y ver a una joven que pedía penetrar en el local. La dejó entrar, y detrás, casi pegada a la primera, entró una segunda mujer que portaba una niña muy pequeña colgada de su parte delantera, en el pecho.

Las dos parecían de un país del Este de Europa. No perdieron el tiempo, y de entrada se liaron a gritar, diciendo algo sobre el cambio, enarbolando un billete de cien euros que seguramente era de pega, pidiendo un champú que querían comprar. La ladrona que llevaba a la cría se colocó al lado del mostrador mientras la otra se apostaba en el hueco de entrada al mismo. Esa otra, la que parecía más joven, avasalló a las dos esteticistas con interpelaciones ásperas, con una sucesión de exigencias.

No puedo cambiarte el billete, no tenemos cambio, insistía una de las víctimas. No podía darle un champú de diez euros y recibir un billete de cien, casi seguro de pega. Una de las esteticistas pilló entonces a la otra ratera, la que semejaba mantenerse al margen, agarrando su teléfono móvil del mostrador. Y se fue hacia ella para recuperarlo, claro, y la malhechora le propinó un empujón y la tiró al suelo.

Una niña colgada
Se aprovechó de que llevaba la niña colgada. Era un escudo. La otra asaltante se puso entre su compinche y las chicas.

La otra víctima ayudó a su compañera a levantarse. Y las delincuentes se largaron entre el estruendo agudo de sus gritos, de más gritos. Abrieron la puerta y huyeron. Cuando las afectadas salieron a la calle, no había nadie, ni calle arriba ni calle abajo. Posiblemente había un coche esperando en los aledaños.

El móvil lo compró la víctima hace un mes y medio. Lo paga a plazos, pero ya está en poder de un grupo de ladrones, si no lo han vendido ya. Una asaltante, la portadora de la niña, se tapaba la cabeza con pañuelo; era algo gruesa, de baja estatura y de unos 27 años. La otra, quizás de unos 22, era delgada, alta y de larga cabellera. La agredida no sufrió lesiones.

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