Sucesos

Desalojan a un vagabundo tras hundirse el techo de una nave

22.03.2016 | 08:11
Estado de la cobertura de la nave abandonada, ayer por la tarde.
Estado de la cobertura de la nave abandonada, ayer por la tarde.

Permanecer allí era poco seguro. Nada seguro, en realidad. La Policía Municipal instó ayer a un indigente a salir del lugar que había convertido en su hogar precario: una vivienda improvisada en un complejo de naves abandonadas y en estado ruinoso ubicadas en la calle del Bruc, en el barrio de Ca n'Aurell. Poco antes los bomberos habían intervenido en la zona debido al desplome del tejado de una nave abandonada.

No era la primera vez en los últimos años que los servicios de emergencias intervenían allí, en el tramo de la calle del Bruc comprendido entre la de Josep Trueta y la de Frederic Soler.

Ayer, al mediodía, la Policía Municipal recibió un aviso acerca del hundimiento de parte del tejado, a la altura del número 56 de la vía, y alertó a los bomberos para que inspeccionasen el recinto; sobre todo, para que revisasen la fachada, pues el desplome había afectado al interior pero la policía quería cerciorarse de que no había peligro inminente de desprendimientos de cara al exterior. De que no existía riesgo para los transeúntes.

Dos dotaciones de Bombers trabajaron un par de horas en la inspección y, según testigos, sanearon también parte del interior de la nave donde había tenido lugar el hundimiento. Un técnico municipal se desplazó también a la calle del Bruc.

Bomberos y policías entraron en el recinto por el número 50 y vieron objetos varios, como colchones. Alguien tenía allí su morada, pero ese alguien no se encontraba en la nave. Llegó poco después, cuando los servicios de emergencias continuaban allí.

Unos agentes dijeron al indigente, de origen magrebí y de 51 años, que debía abandonar el recinto, por su seguridad, y le ofrecieron alternativas y contactos con Servicios Sociales, opciones que él rechazó. La puerta de la que había sido su vivienda quedó clausurada.

El Ayuntamiento colocó una decena de vallas en la acera, la izquierda en sentido a la Rambla d'Ègara, para impedir el paso de transeúntes. Según el dictamen técnico, no había riesgo inminente de caída de la estructura hacia la vía pública, pero sí peligro de desprendimiento de cascotes.

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