Reportaje

La vieja gasolinera es un basurero

14.03.2016 | 04:21
Un aspecto de la gran dejadez del solar que acogió la primera gasolinera de Terrassa.
Un aspecto de la gran dejadez del solar que acogió la primera gasolinera de Terrassa.

Era una gasolinera y se ha convertido en un estercolero en pleno centro de Terrassa, a poca distancia del paseo del Comte d'Ègara. Es un muladar con todas las letras: en el solar vallado hay no menos de cincuenta bolsas de basura y garrafas de aceite y decenas de latas, vestigios de "botellones". La puerta del cercado metálico ha estado abierta esta semana; alguien sacó el candado.
Los vecinos empiezan a hartarse de la situación de deterioro de la antigua estación de servicio, emplazada en la esquina de la calle de Topete con la de la Riba, a unos metros de la escuela Tecnos y el CAP Sant Llàtzer, una ubicación que confiere, si cabe, un cariz aún más grave a la galopante degradación de ese espacio antaño emblemático.

Fue la gasolinera más antigua de Terrassa. Empezó a funcionar a finales de los años cincuenta del siglo pasado. La abrió un empresario terrassense y luego de varios cambios de titularidad la adquirió una compañía de carburantes, Cepsa, a principios de la década del 2000. La sociedad petrolera la clausuró por motivos de rentabilidad económica el 20 de julio del 2012. La crisis había socavado la facturación y los intentos de traspaso o venta del negocio no fructificaron.

Cerró, pues, la estación, y pronto comenzaron los problemas para el vecindario, que veía el lento declive de la instalación y su conversión en refugio de indigentes, en escenario de fiestas furtivas y en contenedor al aire libre y con techo de esqueleto oxidado. Y es que al paulatino deterioro producto de la dejadez se le suma el incivismo de particulares, de personas que depositan las bolsas de residuos en la finca, tirándolas por encima de la valla, en lugar de dejarlas en contenedores. Y no los tienen lejos.

El Ayuntamiento conoce la incuria que se ha enseñoreado de la vieja gasolinera de la calle de Topete. En marzo del 2014 una vecina envió un correo electrónico al alcalde, Jordi Ballart, para hacerle constar la dejadez de la instalación, tan próxima a centros sanitarios.

Unos días después la vecina recibió respuesta del alcalde: los servicios municipales de Urbanismo velaban para que el solar cumpliese "los requisitos de seguridad, salubridad y ornato público". Unos meses atrás, según el mensaje, el Ayuntamiento había llevado a cabo una inspección y requerido a la empresa titular para que procediese "a cerrar el perímetro de la finca con una valla permanente". La compañía energética ya había vallado la zona y la estaba desmantelando.

Requerimientos municipales
Hubo otro intercambio de mensajes a los pocos días. La vecina, que ya había presentado también una instancia en Urbanismo, se quejaba de que la marquesina desvencijada estaba peor que antes de su desmantelamiento y hablaba de una imagen "lamentable".

El alcalde se mostró de acuerdo en que aquel espacio presentaba "un evidente estado de dejadez" e informó a la ciudadana de que el Ayuntamiento había instado a la empresa propietaria a que arreglase la marquesina y los pilares, y estaba encima de la titular "para requerirle puntualmente los estudios de descontaminación del subsuelo y las revisiones periódicas de la instalación, para que cumpla y disponga todo lo que establece la normativa de seguridad y ambiental".

Los vecinos han remitido sus quejas también a la compañía dueña de la estación de servicio. En el tejado de la marquesina no sólo hay cascotes con riesgo de desplomarse a la vía pública; también se acumula el agua cuando llueve, lo que acarrea charcos y malos olores. "Tenemos filtraciones en nuestra vivienda", denuncia Corrado Sanna, residente en un edificio que colinda con la gasolinera, mientras señala la pintura cuarteada de una estancia de su domicilio. Desde las ventanas se ven las malas hierbas que han crecido en el tejado de la estación de servicio abandonada.

La vecindad oye ruidos de noche que proceden de la descuidada finca, y ve el fulgor de linternas de gente que la visita de madrugada. En el sector del solar que da a la calle de la Riba se amontonan las bolsas llenas de desechos. En otro extremo se apilan latas de bebidas.

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