Alertan sobre las consecuencias de exponerse a ruidos intensos

08.03.2016 | 04:22
La contaminación acústica es una constante de la sociedad actual.
La contaminación acústica es una constante de la sociedad actual.

Escuchar cada día ruidos de alta intensidad (lugares de ocio, maquinaria pesada, tráfico urbano y aéreo, música en auriculares...) puede derivar en una pérdida progresiva de la audición. Se trata de una patología que se puede evitar siempre y cuando se adopten medidas para prevenir la pérdida auditiva o hipoacusia.

Actualmente, un tercio de la población mundial y el 75% de los habitantes de ciudades industrializadas padecen algún grado de sordera o pérdida auditiva causada por la exposición continuada a sonidos de alta intensidad. Según la doctora María José Lavilla, presidenta de la comisión de audiología de la Sociedad Española de Otorrinolaringología, hay que tener en cuenta que "cuanto más tiempo estemos expuestos a un ruido por encima de los umbrales aceptables, más probabilidades existen de que descienda la capacidad de audición."

Lavilla recuerda que "el daño se acumula de manera progresiva en la cóclea, lo que deriva en un déficit auditivo progresivo, que puede pasar absolutamente desapercibido para los más jóvenes". Añade, en este sentido, que el oído puede ser dañado por un ruido de corta duración y de alta intensidad.

El límite aceptable por el ser humano es, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), de 65 dB, el equivalente a una aspiradora y pasa a ser doloroso a partir de los 125 dB, que es el producido pro un taladro.

Son demasiado habituales
Sobrepasarían los 65 dB los ruidos procedentes de los vehículos, el claxon del coche, el del camión de la basura, el interior de una oficina con más de quince personas o los petardos, por citar algunos ejemplos. Un avión en plena fase de despegue alcanzaría los 140 dB, una cifra que se sitúa por encima del umbral del dolor.

La contaminación acústica deriva en patologías si se produce una exposición continuada. Un síntoma son los acúfenos, que son los pitidos o zumbidos que no tienen un origen aparente y que resultan más que molestos. También pueden aparecer síntomas como el vértigo, la fatiga auditiva, la disminución de la discriminación auditiva, cefalea, insomnio, irritabilidad y disminución de la atención y la memoria.

Las personas con más riesgo de sufrir estos trastornos son los adolescentes y los empleados de ciertos entornos laborales.

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