Verano 2015

Tortas de Oriente 

25.07.2015 | 04:20
El objetivo final de los concursantes era asaltar el castillo de Takeshi.
El objetivo final de los concursantes era asaltar el castillo de Takeshi.

La década de los noventa está asociada al nacimiento de las cadenas de televisión privadas en España. De aquellos primeros tiempos en que la oferta en la pequeña pantalla creció más allá del hasta entonces monopolio público, han quedado algunos célebres programas en la memoria. Por rozar la cutrez, a veces incluso eran hasta divertidos.

Es el caso de uno que llegó desde el imperio del Sol Naciente. A quién, sino a los japoneses, se les podía haber ocurrido crear una especie de gincana televisada en que un grupo de nipones "energizados" debían superar las pruebas más inverosímiles hasta llegar a asaltar un castillo, el de Takeshi. El valiente que conseguía la proeza se llevaba hasta un millón de yenes para casa.

Aunque, a decir verdad, poco importaba el argumento del "show", que Telecinco bautizó como "Humor amarillo". Lo único que en realidad valía la pena era ver al incauto nipón de turno pegándose el batacazo de su vida en el reto de las "zamburguesas" (sí, aquella prueba en que los participantes debían cruzar un río donde no todas las piedras eran sólidas) para salir cubierto de barro, con una sonrisa de oreja a oreja y profiriendo un grito ininteligible para los oídos ibéricos.

Los importantes zambombazos que los sufridos japoneses recibían en la pasarela de los "cañones de Nakasone" (¿en serio que nadie salió nunca herido de aquello?) o el tenso e imbricado laberinto del Chinotauro (dícese del camino por hacer repleto de puertas giratorias en el que los desprevenidos concursantes no sabían quién iban a encontrarse al otro lado) eran otros "hits" del programa.

Doblaje surrealista
Hay que decir que buena parte del éxito que "Humor amarillo" tuvo en España se debió al doblaje que los comentaristas Juan Herrera y Miguel Ángel Coll hicieron de la emisión original nipona. Ambos ayudaron a reforzar una ya de por sí atmósfera surrealista, sacándose de la manga a personajes como el chino Cudeiro (¡qué importaba que en escena sólo aparecieran japoneses!) o la añorada Dolores Conichigua, que pese a no tener residencia conocida en Tokio, aparecía en muchos capítulos.

Los espectadores de Telecinco se quedaron sin la inacabable sucesión de divertidos porrazos en 1995, aunque Mediaset rescató el formato años después para Cuatro, e incluso para sus dos cadenas menores, Energy y La Siete. En 2008, los de Mediaset probaron suerte con "¡Guaypaut!", un derivado de "Humor amarillo" a la española. Pero la divertida absurdidad de la idea original era ya irrecuperable.

Un director de cine creó el formato
Las casi 50 pruebas a las que los concursantes tenían que enfrentarse si querían ganar el suculento premio (el dolor que debían sentir al caer redondos y aplastados por una bola gigante que rodaba pendiente abajo bien que merecía el millón de yenes que estaban en liza) configuraban un entretenido "show".

De pantalla en pantalla. El creador del proyecto fue el director cinematográfico nipón Takeshi Kitano, que concibió el programa como un videojuego real en el que un grupo de intrépidos iban al asalto del lejano castillo que llevaba su propio nombre. De hecho, en Japón, el formato se llamó "Takeshis's Castle". La cadena Tokyo Broadcasting System lo emitió por primera vez en 1986 y duró hasta 1990.
Un éxito mundial. La peculiar escenografía de "Humor amarillo" no sólo encontró un espacio en la televisión de España, sino que llegó a emitirse en numerosos países. Desde Indonesia a Alemania, pasando por Estados Unidos, Australia, Colombia, la República Checa, Ecuador, China o Portugal. En Venezuela, por ejemplo, el programa se conoció como "El castillo de la risa", mientras que los italianos se hartaron a desternillante tortazos orientales bajo el título de "Nunca digas Banzai".
Sentido de negocio. Basta con navegar un poco por internet para comprobar cómo aquel "Humor amarillo" que tan popular era en la España de los noventa ha tenido una sorprendente continuidad hoy en día como idea de negocio. En la red es fácil encontrar empresas cercanas a nivel geográfico que ofrecen la posibilidad de tomar parte en pruebas similares a las que en su día ocuparon minutos de televisión en Telecinco. Es una posibilidad original para las despedidas de soltero o los cumpleaños diferentes.

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