Final
EDITORIAL

Final

24.05.2019 | 04:00

Hoy llegamos al final de la campaña. Mañana es el absurdo día de reflexión que lo frena todo, la antesala del día de las votaciones. Sí, ha sido intensa, especialmente intensa dado el gran número de candidaturas y que todas se han mostrado muy activas, excepto Familia y Vida, cuya aparición más relevante ha sido la de hacer llegar a los domicilios de los terrassenses sus papeletas de voto. La incertidumbre se mantiene. No se han hecho públicas encuestas este año, aunque parece que circulaban, al menos un par. Una de ellas establecía un triple empate entre PSC, Esquerra y TeC y en segunda posición empataban también Junts per Terrassa, Tot per Terrassa y Ciudadanos. Pero parece que esta encuesta, realizada por una prestigiosa empresa y sobre 1.500 llamadas, estaba hecha antes de las generales y desde entonces se especula con que se puedan producir cambios en la tendencia de votos. Al menos, eso esperan algunos y no tanto otros.

Se habla y no sin razón del "efecto Sánchez" sobre las previsiones del PSC; de la fuerza y la organización con la que Esquerra ha afrontado la campaña; de la confianza de TeC en su oposición de cuatro años; del empuje que un cabeza de lista exiliado, como Lluís Puig, puede dar a Junts per Terrassa; de la hiperactividad de la candidatura de Jordi Ballart y la amplia respuesta que está encontrando entre sus incondicionales; de la consolidación de Ciudadanos, un partido que llegó para quedarse; de la esperanza del PP pese a las dificultades en un momento complicado para el partido; de la lealtad y coherencia del votante de la CUP, que hará que mantenga su representación; de la "operación Podemos" de ICV, que también lo fía todo a la fidelidad de sus votantes de siempre que siempre le dieron tres concejales; de la solidez y movilización de Primaries; de la inquietante irrupción de Vox en el panorama político. También hay lecturas pesimistas para todos los partidos.

Y se habla de fragmentación y de voto útil y se habla de pactos... Lo único claro es que el resultado es probablemente el más incierto de la historia democrática de Terrassa y también que será imposible un gobierno con menos de tres partidos si se pretende una mayoría consistente para gobernar los cuatro años de la salida de la crisis, en un momento en el que la ciudad debe plantearse grandes retos.