Pensiones
EDITORIAL

Pensiones

16.05.2019 | 04:00

Cada lunes por la mañana pensionistas terrassenes mantienen su lucha en la defensa del sistema estatal de pensiones. Se reúnen invariablemente para que su reivindicación no se diluya como moda pasajera. Cualquiera puede preguntarse, por qué se manifiestan semanalmente cuando ellos, de momento, tienen su pensión garantizada. Precisamente en esa cuestión está la grandeza de su lucha. La suya es una reivindicación en dos sentidos; uno, por la dignidad de las pensiones, que según los datos que publicamos hoy se sitúan por debajo de la comarcal con poco más de novecientos euros mensuales de media y la otra vertiente es el de la defensa y mantenimiento del sistema.

Se habla de que el sistema está en peligro porque aumenta nuestra esperanza de vida, cuando esa esperanza de vida lleva aumentando 120 años y ahora, en realidad, se está moderando. No obstante, es cierto que el gran problema se prevé cuando a partir de 2023 se empiecen a jubilar los nacidos durante el denominado "baby boom". De lo que se trata es de dar vías de solución a una situación coyuntural, que durará una generación puesto que después empezará a decrecer el gasto debido al menor número de pensionistas. Los nacidos entre los años 1958 y 1977 tensionarán debido a su gran número el sistema público de pensiones, es cierto, pero una solución habrá que encontrar sin necesidad de privatizaciones como se defiende de forma interesada desde algunos sectores. El negocio que se abre ante una eventual privatización, aunque sea parcial, de las pensiones es lo suficientemente atractivo como para que se nos meta el miedo en el cuerpo.

En cualquier caso, es función de quienes gobiernan encontrar una solución, que pasa, incuestionablemente, por un aumento de los ingresos. El trabajo precario, por ejemplo, afecta negativamente a las cotizaciones, por lo que se deberían tomar decisiones valientes para mejorar el mercado de laboral y para aumentar los ingresos por otros conceptos. Hay expertos que aseguran que no es necesario presionar las rentas del trabajo, pero sí incidir sobre las rentas de capital o incluso hay quien habla de la creación de un impuesto específico que sería fácilmente justificable por cualquier partido político. El problema sería que lo que se obtuviese por ese nuevo concepto, como ocurre muchas veces con la hucha de las pensiones se destine a otros menesteres. El sistema público de pensiones es defendible y no puede estar en cuestión.