Final
EDITORIAL

Final

10.05.2019 | 04:00

Ayer se celebró el último pleno. Se trataba de una convocatoria plenaria extraordinaria en la que se debía aprobar la modificación del POUM que convierte al polígono industrial Els Bellots II en lo que pretende ser un referente vallesano para grandes corporaciones. Puede parecer un final orquestado, alegórico de lo que debe ser un futuro de esperanza. Se pone así fin al mandato municipal, con la primer piedra de un polígono que debe traer riqueza a la ciudad, o al menos eso es lo que se pretende. En cualquier caso, acaba el mandato de 2'015 pocas horas antes del inicio de la campaña electoral.

El adiós de los partidos con representación municipal fue cortés, cordial, como ha sido, en lineas generales la tónica de estos últimos cuatro años en el pleno municipal. Debemos agradecer tanto al equipo de gobierno como a la totalidad de los partidos con asiento en el pleno un mandato responsable y correcto en las formas, que como decía el líder de Ciudadanos, Javier González, ha contribuido a que la tensión que se ha respirado en algunos municipios de Catalunya haya sido en Terrassa un escenario, no neutral, pero sí contenido en emociones. Se produjeron un par de conatos con los símbolos y una agria polémica con la facha del Ayuntamiento como fondo, pero siempre dentro de los límites de la disensión política. También ha sido responsable la actitud de los políticos para garantizar el buen gobierno de la ciudad, al menos la gestión, más allá de la gravísima crisis que la decisión de Jordi Ballart de dimitir como alcalde, Terrassa ha tenido presupuestos cada año y en el último año con el mayor consenso probablemente de la historia de los ayuntamientos democráticos en la ciudad, gracias al talante negociador del equipo de gobierno y al ejercicio de responsabilidad de la oposición, actitudes que también hay que destacar y valorar en su justa medida.

La mayoría de grupos considera que el cuatrienio 2015-2019 no sólo no ha respondido a las expectativas creadas, sino que puede hablarse de él como un mandato perdido. Es cierto que la salida de la crisis económica no se recordará como un momento de despegue para la ciudad de Terrassa. Es necesario un proyecto común que vaya más allá de algo importante, pero no vital como es la municipalización del agua. Una vez completado el cambio de modelo de gestión en el suministro Terrassa precisa de un nuevo relato, de proyectos y consensos que nos devuelvan a todos la ilusión. En dos semanas tendremos una nueva oportunidad.