Optimismo
EDITORIAL

Optimismo

07.05.2019 | 04:00

El secretario de Estado de empleo dijo ayer, analizando los datos del paro del mes de abril, que estadísticamente puede considerarse que España ha salido de la crisis. El desempleo se ha reducido en casi cien mil personas durante el pasado mes y se ha situado en los 3,23 millones, una cifra comparable a la que se registraba en el entorno del inicio de la crisis económica. Afortunadamente y de manera inmediata, el secretario de Estado, Octavio Granado, matizó su afirmación. Ya lo pretendía cuando decía que la salida de la crisis era desde un punto de vista estadístico, pero la afirmación precisaba de alguna comentario más. Agregó que desde un punto de vista sociológico no se podía realizar la misma afirmación puesto que la crisis económica ha provocado una gran desigualdad que tardará en resolverse.

Esa es precisamente la gran cuestión que esconden cada mes las cifras del paro. Una cosa es la lectura estadística de la creación de empleo y otra muy diferente la realidad a pie de calle. Se pretendió salir de la crisis con una devaluación sistemática del mercado de trabajo y se ha conseguido. La recuperación económica esconde precariedad. En primer lugar, las cifras de la creación de empleo, ciertamente importante, durante el mes de abril, hay que buscarlas en la estacionalidad. La Semana Santa y el inicio de la temporada de verano ha generado grandes expectativas, es innegable, pero no se habla de la calidad de las contrataciones.

Hay además una cuestión que resulta francamente significativa. Durante el mes de abril se han reducido en algo más de un siete por ciento las contrataciones con respecto al mismo mes de año pasado. Parece ser que eso se debe a la desaparición de un contrato incorporado en la polémica reforma laboral de 2012 que permite el despido gratuito durante el primer año. Si no se hubiese producido la derogación de ese tipo de contratación, las cifras se habrían invertido y la contratación hubiese subido algo más de un seis por ciento. Estamos hablando de una diferencia de un trece por ciento. En cualquier caso es un síntoma de esa precariedad que se genera.

Al menos, se puede decir finalmente, que la subida del salario mínimo interprofesional no ha repercutido negativamente en la creación de empleo, algo que vaticinaban los agoreros.