Lectura
EDITORIAL

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01.05.2019 | 04:00

La lectura de los resultados de las elecciones generales en Terrassa ofrecen datos sumamente interesantes para buscar proyecciones que puedan darnos pistas sobre las próximas elecciones municipales. Por una parte, cabría preguntarse si el apoyo recibido por el Partit dels Socialistes de Catalunya es tan sólido como dejan entrever los resultados. Es pertinente preguntarnos si la recuperación de confianza en el PSC, el denominado voto útil, en esta ocasión para frenar el ascenso de la derecha extrema debe entenderse como firme o como coyuntural.

Ayer hacíamos referencia a que el voto del PSC puede verse afectado en las municipales por diversos condicionantes, como es la participación. Un descenso del número de votantes siempre ha perjudicado al PSC, que se mueve bien con el electorado movilizado. Por otra parte, también hacíamos mención a la diversidad de propuestas electorales, que no han tenido presencia en las elecciones generales, como es la coalición de Podemos, ICV y EUiA, que también afectará a Terrassa en Comú, por haberse presentado conjuntamente en las elecciones de 2015, y la plataforma ciudadana liderada por el exalcalde socialista Jordi Ballart, que está llevando a cabo una intensísima campaña.

Por otra parte, es necesario destacar y fijarnos en los resultados por barrios, no sólo en los que ha recuperado la hegemonía el PSC, porque esa es una realidad que casi siempre, con mayor o menor intensidad, siempre ha estado ahí. El dato realmente remarcable es la comprobación de que en muchos feudos esencialmente socialistas, con escasa o nula tradición independentista, se está consolidando el voto de Esquerra Republicana. Los resultados de la formación liderada en Terrassa por Isaac Albert, han sido espectaculares y continúan en la senda de las últimas convocatorias electorales.

De la misma forma que con el PSC, habrá que ver el comportamiento de los barrios en las municipales, porque está claro que estas dos formaciones serán las que encabecen los bloques. No obstante, Esquerra no está exento de presiones, ya que también debe enfrentarse a la reducción de la participación y la eventual fragmentación del voto independentista. En cualquier caso, la lógica de los pactos es la que determinará, sin duda, la alcaldía después del 26 de mayo.