Trastos

Trastos

22.03.2019 | 04:00

EDITORIAL

Se trata de un tema recurrente, pero es que en realidad se trata del asunto que más ha preocupado a los terrassenses en los últimos años. La sensación de limpieza en la ciudad se percibe a través de la sensación que transmite la vía pública, pero una gran parte de esa percepción se instala en el imaginario colectivo a través de la visión de los alrededores de las baterías de contenedores de residuos.

Los denominados puntos negros son muchos y muchos más si se suman los que técnicamente no son catalogados como tales por la administración municipal, pero sí por la ciudadanía que los sufre. El surgimiento de estos puntos es curioso y no se sabe exactamente a qué responde porque en una misma calle te puedes encontrar con una batería inmaculada y otra que acumula casi a diario trastos y enseres de todo tipo. En ocasiones se convierten en pequeños vertederos permanentes.

Evitar esta acumulaciones y racionalizar tanto el vertido como la retirada de esos voluminosos es lo que se pretende con la prueba piloto que el Ayuntamiento ha llevado a cabo desde principios del pasado mes de noviembre. Los vecinos tienen fijado el miércoles entre las 18 y las 21 horas como el día en que deben deshacerse de este tipo de residuos y los servicio de limpieza lo recogen posteriormente. El principio básico es correcto y parece ser que funciona con éxito en otras ciudades. En el barrio del Segle XX los resultados, sin ser óptimos son esperanzadores. En primer lugar, la información debe llegar a todos los hogares y luego se deben cambiar los hábitos, seguramente, el paso de mayor dificultad. Hay muchos vecinos que han asimilado el nuevo sistema y llevan sus trastos viejos disciplinadamente a los contenedores; otros han asimilado el día, pero no el horario por lo que la corrección puede ser sencilla.

Los que no han respondido a la nueva medida puede ser porque no la conocen todavía o porque exista una cierta resistencia, que también se da. Ese es el gran reto para adecentar definitivamente las baterías de contenedores, la conciencia cívica. Igual ocurre con la gestión doméstica de los residuos. Es lógico que se exija a la administración que mantenga limpia la calle, pero al final, todo se reduce a lo mismo, al civismo y a la responsabilidad individual de la ciudadanía. Todavía existe la percepción de que los recursos que se administran desde los ayuntamientos no tienen nada que ver con nosotros.