En falso

En falso

20.03.2019 | 04:00

EDITORIAL

El Ayuntamiento de Terrassa ha aprobado una subida de la tarifa del taxi de 1,73 por ciento para 2019 después de varios años de congelación. Este, que en época de bonanza económica era un gesto administrativo habitual en cualquier municipio adquiere ahora una cierta relevancia después de la polémica surgida con la aparición de los VTC que ha dado visibilidad a las dos realidades del transporte de viajeros. Los ayuntamientos son los que establecen las tarifas y esas tarifas deben incorporarse a los taxímetros a través de unas empresas especializadas que cuentan con la autorización de la Generalitat.

Se trata de un sector regulado por la administración y ese gesto que es habitual y que no debe extrañar a nadie si no es que se produce un aumento abusivo se convierte en una muestra palpable de la diferencia que existe entre el taxi y los VTC. Los taxistas son dueños de su negocio, pero menos que los VTC, que no tienen que disponer de licencias para trabajar ni deben recibir el visto bueno de la administración para fijar sus tarifas. Es más, los vehículos con conductor pueden variar sus tarifas en función de reglas del mercado, como la mayor o menor oferta, por lo que no existe una igualdad de posibilidades para desarrollar el mismo trabajo. Es decir, estamos dos realidades para un mismo negocio; reglas diferentes para una misma actividad.

Es cierto que existe una nueva normativa, aprobada recientemente por la Generalitat que ha decidido a las plataformas a retirarse de Barcelona, pero no es menos cierto que han vuelto con una nueva forma de trabajar sobre la que todavía no se han pronunciado las autoridades. La polémica sobre el taxis y los VTC se ha cerrado en falso y todavía no hemos asistido al último episodio. Recordemos que en Madrid, por ejemplo, no existe la misma legislación que aquí y se puede producir la circunstancia de que en ciudades de la misma provincia puedan establecerse normas diferentes en función de lo que decidan los ayuntamientos.

Estamos ante la necesidad de una reformulación del transporte de viajeros en las ciudades que tarde o temprano se deberá acometer de forma global sin que resulte nadie perjudicado o, al menos el perjuicio sea mínimo.

El taxi está obligado a adaptarse a las nuevas tecnologías y a las modernas formas de explotación del negocio, pero para ello se debe afrontar la situación teniendo en cuenta las dos realidades de taxistas y plataformas VTC.