Residuos

Residuos

16.03.2019 | 04:00

EDITORIAL

En una vieja película de espías se decía que para conocer la vida de alguien no hay como fisgonear en su basura. Hoy en día puede ser mucho más efectivo tener acceso al correo electrónico, pero no cabe duda de que la basura nos puede dar muchos datos de una familia y también de una ciudad. La basura que generamos determina el perfil de una población: una mayor o menor producción da pistas sobre niveles de consumo; si se profundiza en el tipo de basura se puede saber la calidad de ese consumo y si consumimos productos frescos o envasados o el tipo de enfermedades que padecemos o cada cuanto cambiamos el sofá.

Las cifras sobre el reciclaje hablan de nuestra conciencia cívica y medioambiental. En Terrassa, nuestros niveles de selección de los residuos en los domicilios no hablan muy bien de nuestra conciencia, todo y que con los últimos resultados debemos estar ciertamente satisfechos en dos aspectos. En primer lugar, se ha aumentado el nivel de producción de residuos. Eso quiere decir que consumimos más, por lo que podemos deducir que ha mejorado nuestro nivel económico con respecto a años anteriores. Uno de los síntomas de la profunda crisis económica de la ciudad después de 2008 fue, precisamente, el descenso en la producción de residuos.

Si producimos más basura, por tanto, quiere decir que nuestro nivel adquisitivo aumenta, pero lo que es inicialmente una buena noticia no lo es tanto, porque seguimos comprobando como nuestro modelo de consumo está alejado de estándares de sostenibilidad. Los envases, por ejemplo, lo inundan todo. Las empresas de marketing han conseguido generar la idea de que un producto no envasado no sólo no es de calidad, sino que ni siquiera es fiable. Cuando más grande y llamativo es un envoltorio mayor imagen de calidad transmite. Sólo hay que echar un vistazo a las baterías de contenedores para comprobar cuáles son los impulsos que mueven nuestros hábitos de consumo.

El segundo aspecto positivo de las cifras es que hemos aumentado en casi cuatro puntos la recogida selectiva, situándonos en un 37,3 por ciento. La cifra es buena, pero todavía insuficiente, muy lejos del 60 por ciento en el que sitúa la Unión Europea los niveles mínimos. Sin duda, hay que seguir perseverando.