Esperanza

Esperanza

09.03.2019 | 04:00

EDITORIAL

Si observamos el amplio despliegue gráfico de los medios de comunicación en torno a la movilización del 8 de marzo, en la retina se nos queda una imagen que genera una gran esperanza en la búsqueda de la igualdad entre hombres y mujeres: la juventud. Una gran cantidad de mujeres jóvenes e incluso adolescentes estuvieron ayer en primera linea de las concentraciones, manifestaciones y actividades diversas que se desarrollaron para conmemorar el día Internacional de la Mujer. No ha sido extraño verlas en los últimos tiempos, aunque quizás sí antes de la eclosión reivindicativa de 2018. Que la jóvenes se impliquen en la lucha feminista, que tomen conciencia de la lucha de sus madres y abuelas y sumen de esa manera en un esfuerzo generacional transversal es un síntoma evidente, no sólo de que algo está cambiando, sino de que el camino hacia la igualdad, el viaje hacia la desaparición de los géneros, como dice la socióloga Marina Subirats, la autora de "Rosa y azul", se está llevando a cabo y, además, con determinación.

El feminismo, hoy por hoy, interpela a toda la sociedad, y sin ninguna duda, a los hombres más que a las mujeres, porque son los que deben tomar conciencia. Y lo hace sin matices, no hay feminismo radical y feminismo liberal. Qué se persigue con el establecimiento de esas diferencias es algo a lo que deben responder los que las promueven. No se es muy feminista o poco feminista. El feminismo, una vez más, es un movimiento político que defiende la igualdad entre los hombres y las mujeres, simple y llanamente. El feminismo no tiene o no debería tener apellidos y existe porque la igualdad es, hoy por hoy, una quimera.

Hablábamos ayer de que sobran los motivos para una jornada como la del 8 de marzo. La movilización habla por sí sola de que la educación es machista, de que todavía hay profesiones eminentemente femeninas, de que cobran menos que los hombres, de que las mujeres tienen problemas para acceder a cargos de relevancia en la política, en la empresa, en la judicatura, en la universidad; que no tienen calles con su nombre, que no salen en los libros de texto, que los roles siguen siendo discriminatorios, que no pueden ir solas por la calle de noche... que no mueren, que las matan.