Apuesta 

07.03.2019 | 04:00
Apuesta 

EDITORIAL

La ciudad parece que se ha tomado en serio la promoción de la economía social y solidaria. Se trata de un sector cuya presencia en la ciudad empieza a ser relevante, pero que quizás no goza de la visibilidad y la popularidad que con toda seguridad merece. La economía social, es un tipo de actividad económica de perfil diverso que sitúa a la persona en el objeto de su función, más allá del lucro que legítimamente persigue como sujeto de actividad económica. La economía social se mueve por valores como son la solidaridad, la equidad, la sostenibilidad o la inclusión entre otros y se reivindica como una fuerza transformadora que demuestra que existe otra forma de producir y también de consumir.

El acuerdo del Ayuntamiento, que cuenta con el apoyo unánime de todos los partidos políticos que forman el pleno municipal es simple. Las empresas y entidades de economía social y solidaria contarán con un plan estratégico que pretende consolidar la actividad económica de valor social mediante el apoyo a las existentes y la tutela y acompañamiento de las que surjan.

Los datos que se barajan entre las empresas del sector, muchas de ellas agrupadas en la Xarxa d'Economia Solidària (XES) son lo suficientemente importantes como para no perderlo de vista, no sólo por los valores que transmiten la esencia de su trabajo, sino también por su volumen actual y potencial. Estamos ante más de ochocientas empresas, cooperativas y entidades que operan en la ciudad, que agrupan al ocho por ciento del tejido económico de la ciudad, generan el dos por ciento del PIB local y dan trabajo a nada menos que a cuatro mil quinientas personas.

Vivienda 

Esquerra Republicana presentó ayer un plan de promoción de la vivienda pública para luchar contra la exclusión social que implica los problemas de acceso a la vivienda de una parte importante de terrassenses. ERC reclama políticas activas que pasan por la expropiación y compra de inmuebles a los grandes tenedores. La propuesta no es ajena al debate, pero lo que está claro es que no podemos seguir de espaldas a un problema real de dimensiones mayores de lo que imaginamos. La situación en Terrassa es compleja puesto que el propio Ayuntamiento fue uno de los grandes afectados por la burbuja inmobiliaria al tener que mantener una bolsa de vivienda social que no pudo vender por ser su coste superior al del mercado libre. El problema se agudiza ahora y es cierto, la necesidad de vivienda en imperante. La cuestión está en encontrar la fórmula. No será fácil.

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