Crecimiento

Crecimiento

21.02.2019 | 04:00

EDITORIAL

Terrassa en Comú criticó ayer al equipo de gobierno municipal que dirige el alcalde Alfredo Vega en relación a la proyección de más de doscientas viviendas en la zona de la rambleta del Pare Alegre y al desarrollo de diez sectores de la ciudad que en total podrían llegar a albergar hasta catorce mil viviendas. Considera el portavoz de los comunes, Xavier Matilla, que el Ayuntamiento no ha aprendido de la experiencia que significó la burbuja inmobiliaria en Terrassa y acusó al alcalde y al teniente de alcalde de urbanismo de seguir apostando por el pelotazo urbanístico y plegarse a los intereses de los promotores, antes que priorizar los intereses de la ciudad.

Al margen de la crítica concreta, no cabe duda de que Terrassa tiene su modelo de crecimiento en función de un plan general de ordenación todavía vigente y sobre el que se basa el desarrollo de la ciudad. El problema, seguramente, es que no se ha producido un debate en torno a cuál debe ser el modelo de desarrollo de la ciudad. El mandato que está acabando, por circunstancias diversas entre las que destacan la propia debilidad de un equipo de gobierno en minoría desde el mismo año 2015 y seguramente a la falta de cultura de pacto, posteriormente desarrollada a través de cuatro años intensos de vida política municipal. Ningún partido político se atrevió a abrir el POUM en este mandato. Seguramente no hubiese sido recomendable, pero debemos empezar a pensar en que un nuevo plan de ordenación se deberá afrontar en algún momento y los resultados que se barajan en las elecciones del próximo 26 de mayo no se atisba una mayoría cómoda que permita abrir el melón del POUM sin contar con otras formaciones del pleno.

Guiño

Ayer fue el día de la declaración de Josep Rull en el juicio que se sigue contra el y contra otros once miembros del Govern de la Generalitat durante los hechos de octubre de 2017. La esencia de la declaración de Rull, apasionada y brillante por momentos, se centró como la de los compañeros que hasta ahora han declarado en desmontar las acusaciones sobre la desobediencia, la malversación y la violencia que implica la rebelión. Rull, ante una fiscal titubeante y desordenada en su interrogatorio, tuvo tiempo para hacer gala de su terrassenquismo al reivindicar la utilización del topónimo oficial de la ciudad desde 1979, con "e" y dos "eses". El guiño a la ciudad, en un momento de tanta tensión personal y trascendencia histórica como está siendo el juicio contra el procés no es anecdótico, sino especialmente valorable.