Intervención 

20.02.2019 | 04:00
Intervención 

EDITORIAL

Finalmente, el entendimiento entre administraciones ha dado sus frutos. Tras muchos años de enconado y judicial enfrentamiento entre el Ayuntamiento y la Generalitat con el mantenimiento de las rieras como centro de la controversia, el acuerdo ha llevado a planificar intervenciones concretas y necesarias. Bien es cierto que las últimas inversiones han venido motivadas por las fuertes lluvias que se produjeron el pa- sado otoño y que pusieron de manifiesto el peligro evidente que presentaba el lecho de las rieras del Palau y de Les Arenes.

En esta última la vegetación alcanzaba cotas incluso sorprendentes para los pobladores más viejos de los diversos barrios de sus riberas. Nunca, desde 1962 la riera de Les Arenes había presentado un aspecto de abandono tal en su mantenimiento, ni siquiera cuando el alcantarillado era una vieja aspiraciones en zonas como las de Sant Pere Nord, Egara y Les Arenes y el lecho era destino de aguas negras y vertidos de todo tipo. Los vecinos, que forman parte de una comisión municipal celebran las intervenciones, pero quiere superar la lógica del mantenimiento puntual y defienden una solución definitiva, o al menos la más definitiva que se pueda. Tienen razón. En alguna ocasión hemos manifestado la necesidad de tomar decisiones sobre las rieras, que históricamente han sido accidentes geográficos que han impedido la normal vertebración de todos los barrios de la ciudad. Hemos vivido condicionados por las rieras y no las hemos hecho nuestras. El ejemplo paradigmático, salvando las distancias y entendiendo que no se trata de soluciones idénticas, sería el de Vallparadís. La ciudad pasó de vivir de espaldas al barranco a sumergirse en un espléndido parque urbano.

Agresión

Las fachadas de las sedes de diversas formaciones políticas de la ciudad sufrieron la noche pasada agresiones en formas de pintadas. Es necesario condenar sistemáticamente y aunque pueda resultar reiterativo, todos y cada uno de los actos violentos que se produzcan en la ciudad. Se empieza pintando fachadas y se acaba rompiendo escaparates y quemando libros. No hay justificación, no hay motivos, no hay pretextos. Terrassa debe seguir siendo siempre la ciudad de las personas.

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