Consecuencias

14.02.2019 | 04:00
Consecuencias

EDITORIAL

No era el mejor momento en ningún sentido para alcanzar acuerdos imposibles entre el gobierno de Pedro Sánchez y el bloque independentista catalán. Seguramente, alguien tendría la íntima esperanza de una maniobra final de los partidos catalanes en el Congreso para dar trámite a los presupuestos y seguir presionando hasta su aprobación definitiva. Una aspiración imposible, ante una imagen como la que se ha difundido esta semana al mundo: doce miembros de un gobierno de la Generalitat sentados en el banquillo de los acusados, juzgados por rebelión. Esa imagen, presiona tanto a una parte, como el espectacular acoso de la derecha a la otra. Hay situaciones que ni la mejor de las predisposiciones puede soportar y la manera de romper una negociación es planteando condiciones imposibles de asumir por la otra parte, dicho esto en un sentido biunívoco.

Por lo tanto, parece ser que esta misma semana se convocarán las elecciones generales y habrá que ver si son antes o durante las municipales. Sea cual se ala fecha elegida, no cabe duda de que tendrán una influencia incuestionable las primeras sobre las segundas. Las elecciones en Terrassa se presentan intensas, complejas e imprevisibles. Los socialistas confiaban engancharse al "efecto Sánchez" si el manual de supervivencia de su líder le permitía resistir unos meses más en la Moncloa. Todas las previsiones coinciden que realizar una traslación de los resultados que se han producido en Andalucía por lo que se hace previsible un triunfo de las derechas que devolverían al PP a la Moncloa, pero cómo se traducirá esto en el voto local es imposible de adivinar.

E bloque independentista, compacto en otro tiempo, puede presentarse sumamente fraccionado; la crisis de la confluencia que movilizó el voto de izquierdas en 2015 también genera dudas sobre los resultados que pueda obtener si no se reconduce la situación y es difícil prever cómo se implantará Vox en Terrassa, a quien auguran una presencia notable en el Congreso de los diputados. Y una vez configurado un mapa político en Terrassa, previsiblemente fraccionado, cuál será la lógica de los pactos. Habrá que ver si las izquierdas suman y en qué ámbitos, Esquerra confía en liderar el cambio, pero mira de reojo a las otras candidaturas independentistas y ciudadanos, que iba de subida al ganar en Terrassa las últimas autonómicas, puede encontrarse con que no tiene con pactar. En fin, un lío.

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