Crisis

09.02.2019 | 04:00
Crisis

EDITORIAL

No hace muchos días avanzábamos el conflicto interno que está viviendo lo que fue la confluencia de la izquierda terrassense que se materializó en la propuesta de Terrassa en Comú. el conflicto ya es abierto. Tanto Iniciativa per Catalunya como Esquerra Unida i Alternativa (Podem no se ha pronunciado todavía) han anunciado la presentación de sendas candidaturas a las elecciones municipales del próximo 26 de mayo. La asamblea que se celebró el jueves, a la que acudieron inscritos de esas formaciones en la confluencia puso de manifiesto el disenso en incluso un punto de crispación en cómo se ha gestionado la configuración del espacio de los comunes en Terrassa.

Se hace complejo el análisis de lo ocurrido sin caer en un laberinto de retórica, formalismos, legitimidades y hechos consumados. Lo que está claro es que la propuesta de los comunes en Terrassa, como se entendió en las elecciones de 2015, no existe hoy en la ciudad y si ya existía cierta preocupación sobre la respuesta del electorado en los comicios de mayo, las consecuencias de la ruptura materializada esta semana son imprevisibles. La cuestión está ahora en cómo afectará la situación al mapa político terrassense, ya de por sí muy complejo y ciertamente atomizado, con las candidaturas de los partidos tradicionales y las nuevas propuestas como las Primaries de la ANC, Vox o Tot per Terrassa, a la que se suman las de EUiA y también Iniciativa per Catalunya, que se han rebelado contra la designación de TeC como la marca de Catalunya en Comú en la ciudad sin contar, según se denunció en la asamblea del pasado jueves, con quienes formaron parte de la confluencia en las elecciones de 2015.

La gestión del espacio político de los comunes, que quiso y pudo liderar el cambio en Terrassa, no parece haber sido la más adecuada y todo parece indicar que la confluencia fue en realidad más formal que efectiva. La división, ahora, debilita ese espacio de forma extraordinaria y si se confirma definitivamente se hace imposible prever siquiera la representatividad que puedan las izquierdas obtener en las inminentes elecciones municipales. Es evidente que se trataría de fuerzas que llegarían a un acuerdo en caso de resultar elegidas, pero la dispersión del voto pone en verdadero peligro sus posibilidades por separado.

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