Gestión

23.01.2019 | 04:00
Gestión

EDITORIAL

Ocurrió lo previsto; el pleno del lunes aprobó el inicio de la licitación del servicio de transporte urbano de Terrassa, algo a lo que se había comprometido el gobierno al inicio del mandato, pero que después de cuatro años sólo podrá dejar hilvanado. Esa es precisamente una de las críticas que recibe el equipo de Alfredo Vega, que se toma una decisión que deberá asumir como suya el alcalde y los concejales que dirijan la ciudad después de las elecciones municipales del próximo mes de mayo. El problema estriba seguramente en la celeridad que se le da a la cuestión, cuando viene incluso de los errores cometidos en el anterior mandato.

El pleno del lunes puso de manifiesto varias cuestiones, algunas de ellas anecdóticas si se quiere y otras de cierta relevancia en el debate político. Por una parte, la campaña está al caer y ya no hay tanta benevolencia con respecto al equipo de gobierno y éste aprovecha sus oportunidades para devolver el reproche a la oposición comparando sus posicionamientos en la ciudad en comparación a lo que hacen sus "mayores" en la Generalitat. Eso es entretenido.

Por otra parte, se demostró una vez más que los acuerdos son posibles, como decía el teniente de alcalde Amadeu Aguado, mirando a un lado y a otro de la sala de plenos. El equipo de Vega, hace de la necesidad virtud y no tiene reparo en alcanzar acuerdos con la izquierda o con la derecha. Otra cosa es que en la izquierda esperen devolver la jugada en mejor ocasión.

La otra cuestión de trascendencia es el debate entre lo público y lo privado. Era evidente que la comparación debía surgir. Los partidos de izquierda se han manifestado ya abiertamente dispuestos a abrazar una gestión directa del transporte municipal. La reflexión, por simple, no es menos profunda: si la mayoría de partidos han alcanzado un celebrado acuerdo para municipalizar o modificar el modelo de gestión del suministro del agua y asumirlo directamente, como decía el concejal de la CUP, qué impide que se adopte el mismo modelo en relación al servicio de autobuses de la ciudad.

Las reglas de gasto y los techos presupuestarios son el gran motivo para descartar la gestión directa. Con todo, recordemos, que el alcalde Ballart no cerró la puerta a la municipalización de los autobuses antes de presentar su dimisión hace ahora un año. Es pertinente preguntarnos, qué hubiese ocurrido de continuar en el cargo.

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