Debate

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08.01.2019 | 04:00

EDITORIAL

El año que acaba de comenzar será determinante por muchas cuestiones y una de ellas será por saber dónde se situará el debate sobre la violencia contra la mujer, que Vox ha puesto sobre la mesa de manera artificial y como tarjeta de presentación de lo que está siendo y parece ser que será su irrupción en la política española. El 8 de marzo pasado, mucho antes de que se tuviera conciencia sobre cómo el nuevo partido iba a tratar política y socialmente el asunto del maltrato de género, fue una fecha clave en lo que hay quien considera ya una revolución mundial en femenino y que tuvo en España una especial incidencia fruto de diversos condicionantes. Así, si 2018 podía considerarse el año del empoderamiento de la mujer, el nuevo mapa político que empieza a dibujarse en España tras las elecciones andaluzas puede ponerlo en cuestión, por lo que habrá que seguir muy de cerca ese debate y cuál será la respuesta el próximo 8 de marzo.

Vox mezcla los términos y sitúa la polémica, precisamente, en un escenario de confusión que le resulta especialmente propicio. En primer lugar, no es lo mismo violencia doméstica que violencia de género y así lo diferencia la actual legislación española, imperfecta no por dejar desamparado a un sector de la población, en este caso el masculino, como dice Vox, sino por no conseguir los resultados que pretendían las leyes en su promulgación. El primero de los problemas es de índole jurídica y el segundo trasciende lo jurídico para convertirse en un problema de índole social con cifras de una elocuencia que no es necesario reproducir aquí.

Las leyes contra la violencia de género existen contra los maltratadores, no contra los hombres por el hecho de serlo, mientras que la violencia de género se ejerce contra la mujer, precisamente, por el hecho de serlo. La violencia contra la mujer tiene un perfil muy determinado y está perfectamente identificada e incluso catalogada como "epidemia mundial" por la ONU. Las personas, hombres o mujeres, víctimas de la violencia doméstica, están perfectamente amparadas por la legislación vigente y es por ello que lo que cabría preguntarnos no es más que si este debate tiene sentido y si no estamos todos haciéndoles el juego a los negacionistas de la violencia contra la mujer. La gravedad de la situación no es que se pueda producir una repetición de las elecciones andaluzas por esa cuestión, sino que el debate parezca que tiene sentido; ésa es la gran victoria de Vox.