Radicalidad 

10.11.2018 | 04:00
Radicalidad 

EDITORIAL

Parece difícil entender que una persona hable en serio cuando pide ayuda logística en una conversación de wattsApp para asesinar al presidente del Gobierno. Un terrassense está en la cárcel por ello. Es difícil saber el recorrido jurídico que tendrá este asunto más allá de una tenencia ilícita de armas y una posible conspiración; habrá que probar que esa conversación de wattsApp pretendía efectivamente organizar el magnicidio, pero está en la cárcel y se ha iniciado un procedimiento que puede acabar en la Audiencia Nacional que es donde se juzgan los asuntos relacionados con terrorismo. En cualquier caso, no cabe duda de que ha sido la noticia de la semana, especialmente en Terrassa, de donde es el detenido.

Al margen de la cuestión puramente judicial, de la perplejidad del auténtico arsenal que el detenido guardaba en casa y de las posibilidades reales de llevar a cabo ese crimen, la conclusión es que hay algo que no estamos haciendo bien cuando se generan en las redes sociales esas reacciones de odio entre las dos españas, las dos catalunyas, los dos partidos políticos, los seguidores de los dos equipos de fútbol o los fans de dos cantantes famosos. Estamos asistiendo a una peligrosa radicalidad a la que no son ajenos los partidos políticos que promueven posicionamientos extremos y valdría la pena reflexionar sobre ello.

No todos los individuos que han radicalizado o que han profundizado en sus convicciones, por decirle de forma menos agresiva, tienen un arsenal de armas en su casa ni están dispuestos a matar a nadie, pero sí es cierto que la visceralidad que se percibe en las redes sociales es inquietante.

Carriles

No está mal visto por parte de la CUP su denuncia sobre la peligrosidad de los carriles peatonales pintados sobre la calzada en algunas calles de la ciudad. Una cosa son los que se pintaron en calles poco transitadas como Montserrat o Sant Valentí y otra es la eficacia y seguridad en vías como la calle del Col·legi, sometidas a gran presión en las horas punta. Y ya que hablamos de movilidad, quizás deberíamos darnos prisa con la normativa sobre patinetes y bicicletas.

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