La verdad

03.11.2018 | 04:00
La verdad

EDITORIAL

En 1989 un montañero terrassense, Quico Dalmases, murió en el Himalaya. Quiso llegar a la cima a pesar de las adversidades meteorológicas y se generó cierto debate entre los legos sobre la que fue su última decisión. Un compañero suyo, alpinista como él, cerraba la discusión con una frase tan simple como profunda: "las decisiones que se toman a ocho mil metros de altura nos se pueden juzgar a nivel del mar". Y concluía con un "simplemente ocurrió".

A un año vista de la dimisión de Jordi Ballart es difícil situarnos nuevamente en aquel escenario de máxima tensión. La perspectiva del tiempo, la percepción diferida de una misma realidad, genera verdades complejas, pero hay hechos objetivos. El evidente es que Ballart abandonó. Se fue pocos días después de haber manifestado que continuaría en la alcaldía, de intentar negociar un pacto con los Comunes para garantizar la gobernabilidad al romper con PDECat y de poner sobre la mesa una renuncia colectiva con todos sus concejales para continuar sin las siglas del PSC.

Fueron días de una tensión extraordinaria. Cualquier interpretación puede ser plausible sobre los motivos que realmente le llevaron a la dimisión, pero no hay que perder de vista las declaraciones que realizó a Diari de Terrassa en las que aseguró que si su partido apoyaba la aplicación del artículo 155 en Catalunya, rompería el carnet del PSC. Ballart vivía en las redes sociales y twitter y facebock hirvieron recordándole su promesa cuando Mariano Rajoy anunció las medidas que iba a tomar después de la declaración de independencia del 27 de octubre.

A pesar de que dijo que continuaría, el 155 fue probablemente la gota que colmó el vaso, pero hacía tiempo que Ballart se sentía desubicado, presionado y torturado por un debate interior político, familiar y personal que no le dejaba vivir. Simplemente ocurrió, pero hubo quien vio su decisión como un admirable ejercicio de dignidad y quien considero que se trató de una absoluta irresponsabilidad histórica. Desde entonces, Vega y Ballart sólo se han visto una vez, hace pocos días, por la calle. Después de unas décimas de segundo de incomodidad evidente, sólo se dijeron adiós. Era innecesario, una convención, se lo dijeron hace un año. Hay un dicho que habla de que existe "mi verdad, tu verdad y la verdad". Esa tercera verdad no se sabe bien de quien es y genera una cierta inquietud pensar en la verdad absoluta.

Ballart dimitió; simplemente ocurrió. Ahora, a nivel del mar, debe decidir si concurre a las elecciones municipales con su nuevo proyecto.

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