Transporte

11.10.2018 | 04:00
Transporte

EDITORIAL

Concentrar las industrias en zonas específicas en los alrededores de las ciudades significó "limpiar" el casco urbano de fábricas, pero las llenó de coches. El desplazamiento de los trabajadores a los polígonos industriales es un viejo debate. Ir a trabajar, para la mayoría de los empleados, es caro y difícil. Lo es porque el acceso a los polígonos es complicado y en la gran mayoría de las ocasiones ni siquiera hay transporte público que cubra los trayectos y si lo hay, probablemente no sea suficiente o los horarios no sean los adecuados.

La UGT ha puesto una vez más de manifiesto esta realidad y ponía como uno de los ejemplos lo que se tarda en un desplazamiento desde Sabadell hasta el polígono industrial de Santa Margarita en Terrassa: media hora en coche y más de dos horas en transporte público, sin entrar a considerar dónde te deja el autobús y dónde está tu empresa dentro del propio polígono. El ejemplo es suficientemente ilustrativo, pero seguro que se pueden encontrar situaciones similares, a escala, dentro de las propias ciudades. Cuánto tarda un terrassense en ir a cualquiera de los polígonos industriales de la ciudad en vehículo particular o en autobús y sobre todo, si los horarios están pensados en clave "poligonera".

Entre otras cuestiones UGT denuncia el elevado coste que significa para los empleados el desplazamiento a los centros de trabajo y propone la creación de una tarjeta de transporte específica, T-Treball. No es una idea que deba caer en saco roto, pero, en realidad, deberíamos pensar en cuántos trabajadores utilizan el transporte público y, aún con la tarjeta, cuántos estarían dispuestos a utilizarla. Seguro que hay quien seguro que estará dispuesto a sacrificar una parte de su salario en desplazamientos en vehículo privado, a cambio de disponer de más tiempo. Máxime, si el desplazamiento en coche no es siempre más caro que el acceso a los polígonos en transporte público.

Seguramente se deberían poner sobre la mesa las propuestas de la UGT, las de otros sindicatos y también las de los empresarios y abrir un debate serio sobre los desplazamientos laborales. Transporte público no ha sido nunca un binomio que haya hecho buenas migas. Seguro que se pueden estudiar medidas que minimicen el impacto que tienen esos desplazamientos en lo económico y en lo social, como servicios específicos financiados entre empresas y trabajadores, además de ventajas como la T-Treball.

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