Incógnitas

10.10.2018 | 04:00
Incógnitas

EDITORIAL

Las obras de la B-40, antaño llamada IV Cinturó parece que empiezan a tomar forma. Esta misma semana, como este diario avanzó en su edición del pasado sábado, los trabajos han empezado a afectar a la C-16, vía con la que debe enlazar la nueva autopista y en la que los vehículos deben desviarse por uno de los carriles laterales. Los trabajos durarán en esa zona unos ocho meses y abren un periodo en el que se harán algo más evidentes.

La B-40, tal como está en estos momentos concebida, se acabará en el año 2021. O al menos eso dicen en el ministerio de Fomento. Habrán pasado catorce años desde el inicio de las obras y no digamos desde que se empezó a proyectar. Resulta hasta violento hablar de plazos en lo relacionado con esa autopista, por lo que debemos tomarnos 2021 como un referente y no como una fecha concreta. No cabe duda de que se producirá cualquier contratiempo que vuelva a retrasar las obras.

De todos modos, a día de hoy, quizás no sea el mayor problema el cumplimiento de los plazos previstos para su conclusión, si no en qué va a ser de la B-40 una vez acaben las obras de conexión de Terrassa con Abrera y, especialmente, qué va a ser de Terrassa en relación con la B-40. Aún a riesgo de que pueda parecer una cuestión obsesiva, no parece que una autovía de esa magnitud deba acabar en una rotonda en el Pla del Bon Aire. Por mucho que se esté en contra de cualquier trazado, una vez puesta en funcionamiento, si la B-40 no tiene continuidad, puede convertirse en una vía muy perjudicial para la ciudad si el volumen de tráfico que se prevé tiene que entrar en la ciudad para continuar hacia otros destinos.

Insistimos en que este diario ha defendido la construcción de la B-40 por haber confiado en los estudios económicos que la hacían imprescindible para el desarrollo económico de la ciudad, pero esa defensa no pasaba por una autopista que conectaba Abrera y, por extensión, la A-7 desde Martorell con el Pla del Bon Aire. Los estudios hablaban de un "bypass" de la A-7 por los "vallessos". Esto no es lo que nos habían vendido y ahora ni los alcaldes de Sabadell ni de Granollers se muestran muy entusiasmados con la posibilidad de darle continuidad. Es más, la Generalitat apela al territorio y a alternativas de movilidad, los postulados, por ejemplo, de Sabadell, antes de dar continuidad a la B-40. A este paso, los terrassenses nos podemos encontrar con un tráfico difícil de gestionar en el casco urbano y, eso sí, una autopista de tres carriles por sentido para ir a Martorell.

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