Relaciones

05.10.2018 | 18:04
Relaciones

EDITORIAL

Representantes de partidos del pleno, el PSC, el de gobierno, Terrassa en Comú y Esquerra Republicana, en una suerte de tripartito conciliador, se han reunido con los responsables de Mina Pública. Fue una reunión privada, pero no secreta. Era ciertamente una reunión necesaria; tardía, pero importante. Otra cosa es cómo gestionarán las explicaciones, si es que tuvieran que darlas, al resto de partidos del pleno. La reunión es positiva porque sitúa el asunto del agua, o al menos lo pretende, en un plano de normalidad, que es lo que no ha tenido desde que se inició el proceso de municipalización.

Uno de los concejales presentes en la reunión ha comentado que esta reunión se debería haber llevado a cabo hace tres años. Probablemente tenga razón, pero también es cierto que no se daban las circunstancias. Ni la actitud de Mina era la que es ahora, ni la gestión política que se hacía desde el anterior equipo de gobierno es la misma que la que se está haciendo ahora. No se trata ahora de recordar el enconamiento de la relación entre el alcalde Jordi Ballart y Mina y por extensión Agbar, que parece ser que es donde se concentra toda la tensión. Sólo recordar que una de las razones por las que dimite Ballart es por lo que considera una falta de apoyo de su propio partido en el proceso del agua.

Por su parte, los partidos impulsores del acuerdo también deben hacer su examen de conciencia. Se han dado errores de fondo y forma por ambas partes con un cierto exceso de beligerancia y también de recelo enfrentados a un punto de arrogante soberbia por parte de la empresa. Ambas partes deben reconocer que han confluido actitudes que no han ayudado a naturalizar el proceso, pero nunca es tarde para ello y quizás ahora sólo sea el momento de "generar confianzas".

Por otra parte, a la hora de analizar la nueva situación no se trata de descubrir a que parte beneficia más o menos, sino si beneficia a la ciudad. La respuesta es sí, el pacto es bueno para Terrassa y con eso nos tenemos que quedar. Cómo se articulará, o cuánto durará es responsabilidad del equipo de gobierno y en ellos confiamos, porque esa responsabilidad es ciertamente considerable.

Insistimos, asimismo en que queda un mes de octubre de intensísima negociación y quedan aspectos de suma importancia por cerrar. El mejor modo de afrontarlos es desde la normalidad que, ahora sí, se busca.

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