Decisión

06.09.2018 | 04:00
Decisión

EDITORIAL

El líder de Terrassa en Comú, Xavier Matilla, analiza hoy en estas páginas la dimisión de su compañero de filas, Xavier Domènech, como una auténtica pérdida. Realmente lo es, para su partido y para la política en general. La actitud dialogante, el talante constructivo, el discurso contenido a la vez que firme y la cercanía hacen de Xavier Domènech una persona a la que se echará de menos en la política. Su adiós debe hacernos pensar, entre otras cosas, en dos cuestiones. La primera, en la salud política de los Comunes y en cómo la marcha de Domènech afectará a la formación. La segunda en que si una figura como Domènech es tan valorada desde la izquierda, desde la derecha, desde el independentismo y desde el constitucionalismo es precisamente por su escasez y eso esconde un problema.

Sobre la primera cuestión, el tiempo dirá cuáles son las consecuencias de la decisión del líder de los comunes catalanes, pero a bote pronto, como síntoma, no parece buena cosa para ellos. Parece ser que Xavier Domènech ya había decidido y advertido en su partido que no alargaría su dedicación a la política y que su adiós estaba ya programado, pero no se esperaba que la dimisión fuese tan abrupta. Ada Colau decía ayer que no se debía dramatizar la decisión de Domènech, toda vez que los comunes cuentan con personas muy válidas que pueden realizar un gran trabajo tanto en el Parlament como dentro de la propia confluencia. Nadie pone en duda la capacidad de los compañeros de la alcaldesa de Barcelona, pero es evidente que algo pasa dentro de la formación cuando una figura indiscutida e indiscutible como Domènech pone fin a una brillante trayectoria antes de tiempo con un tono en el adiós de afligido cansancio. Como decían ayer desde Esquerra, nadie es imprescindible, pero unos lo son menos que otros.

La segunda cuestión se refiere a la política en general. Xavier Domènech se ha convertido en un personaje respetado, precisamente por ser respetuoso, sin que ello quiera decir que no haya sido contundente en sus posiciones . El hecho de que se valore tanto el talante de diálogo en un político no habla bien de la política en general, porque convierte en extraordinario lo que debería ser algo más habitual. Es una obviedad que la política no puede convertir en iguales personalidades opuestas, pero sí que el tono del discurso político, la forma y también el fondo deberían buscar más el consenso que la confrontación.

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