Cambio

13.07.2018 | 04:00
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EDITORIAL

La decisión de la justicia alemana de permitir la extradición a España de Carles Puigdemont únicamente por el delito de malversación de fondos públicos y no por los de rebelión y sedición, demuestran que la estrategia de internacionalización jurídica del conflicto fue una buena decisión de las defensas de los políticos catalanes huidos a Europa. La apuesta era importante y ha empezado a dar sus frutos.

Independientemente del tempo procesal y de las resoluciones y estrategias que todavía se puedan adoptar, el procedimiento del Tribunal Supremo contra los políticos del procés puede perder buena parte del músculo con el que lo ha revestido el juez Carlos Llarena. La justicia alemana habla de que ni tan siquiera puede hablarse de desórdenes públicos de importancia, por lo que mucho menos de sedición o de rebelión. No hay equívoco sobre la resolución puesto que los jueces alemanes entran en el fondo y lo interpretan, enmendando la plana al juez español. No es una buena cosa para Carlos Llarena la decisión de la judicatura alemana, porque en este momento, lo primero que se pone en cuestión es el procesamiento mismo en España, la prisión preventiva y, por extensión, la inhabilitación para el ejercicio de cargo público, aunque pudiera estar basado en el delito de malversación.

Sin duda, la decisión de los jueces alemanes complica y debilita el procedimiento judicial en España e incluso pone en cuestión la instrucción del juez Llarena.

Pleno extraordinario

Terrassa en Comú y Esquerra Republicana se han aliado para convocar un pleno extraordinario en septiembre que trate el grave problema que sufre la ciudad en torno a la gestión de la recogida de residuos en la calle. Esta convocatoria tiene dos lecturas. Una la que implica la petición del pleno en si misma, que no es otra que la de debatir una compleja y evidente situación que se respira en la calle y la otra es el posicionamiento de los dos partidos de izquierda, que ya empiezan a marcar perfil, lejos del equipo de gobierno ante la inminencia de las elecciones municipales. Es un buen tema y lo suficientemente serio como para ponerlo en evidencia. En cualquier caso no es malo que se inquiera al equipo de gobierno sobre la cuestión, y mucho menos que éste se explique públicamente en la sala de plenos.

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