Fiesta

03.07.2018 | 04:00
Fiesta

EDITORIAL

La Festa Major es esencialmente un momento para el reencuentro. Para volver al verano, a las tradiciones, a la calle, a la gente. Hace años, la valoración de la Festa Major venía a realizarse desde los parámetros de cuánta gente encontrabas en la calle, a cuántos conocidos veías y saludabas en los interminables paseos hasta la feria y de la feria otra vez al centro histórico. Los nuevos espacios de la fiesta han cambiado los parámetros. La desaparición, por ejemplo, de los escenarios del Raval de Montserrat y del portal de Sant Roc, que provocaban problemas de seguridad ante la importante presencia de público, ha restado protagonismo a esos espacios. Sin embargo, hay otros que han ganado, como la Plaça Nova o que lo han mantenido, como la zona baja de la rambla d'Ègara.

La fiesta está viva y como muestra de ello el debate político que se suscita cada año sobre su fondo y su forma, sobre la elección de los conciertos. Como era de prever, a pesar de las críticas, Los del Río llenaron la Plaça Nova y Rosana amalgamó generaciones y nacionalidades en torno a su música. Muestra de ello es nuestra fotografía de portada de hoy. Es una imagen del público durante el concierto de la cantante canaria. Podemos observar a personas de todas las edades, imbuidos por el mensaje transversal de Rosana e hipnotizados por su música.

Una vez más la Festa Major se ofertó en toda su plenitud y cada uno la diseñó a su medida, en función de sus gustos, de sus inquietudes y prioridades. Y también hubo, cómo no, quien decidió aprovechar los tres días para huir del bullicio. También es legítimo.

Hubo fiesta mayor alternativa, un espacio para la reivindicación político y, quien quiso, también dispuso de pantalla grande para ver el partido de la selección española en el mundial. Los capgrossos fueron dos, en reconocimiento a la prisión y al exilio de los consellers terrassenses: "Nunca antes me habían preguntado tan poco por la identidad del capgrós", decía el autor de las esculturas de cartón piedra, Jordi Grau, haciendo referencia a la previsibilidad de la elección.

Finalmente, la Festa Major fue, eso, festiva, grande y popular y a pesar de una poco edificante protesta en la apertura por parte de un grupo de personas con banderas españolas, la política estuvo presente, pero no lo impregnó todo, o mejor dicho, no condicionó su celebración. Y afortunadamente, que sepamos, los puntos lila sólo fueron informativos.

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