Selectividad

12.06.2018 | 04:20
Selectividad

EDITORIAL

Hoy, casi 650 alumnos terrassenses, miles de estudiantes catalanes, se enfrentan a las PAU, las icónicas Pruebas de Acceso a la Universidad, la histórica, controvertida e incombustible selectividad. Es una liturgia, una suerte de rito de paso en el historial académico del estudiante universitario. Con más de un noventa por ciento de alumnos aprobados cada año, la selectividad se ha convertido más en el factor decisivo de la carrera a la que van a acceder los estudiantes que a una prueba de acceso como tal. La nota de la selectividad determinará, junto con la de bachillerato, la nota con la que el aspirante universitario intentará acceder a los estudios para los que se ha estado preparando tantos años, si es que quiere hacerlo en la universidad pública. Hubo un tiempo en que a la mayoría de carreras se accedía con sólo el aprobado de selectividad, qué tiempos.

Las pruebas de acceso a la universidad nacieron con una polémica que le ha acompañado hasta hoy. Curiosamente, cuando el ministro Wert la quiso suprimir, recibió las críticas de la comunidad educativa porque su alternativa era todavía peor. Al margen de pequeños cambios que sólo han servido para complicarla en los últimos años, se mantiene inalterable. La mecánica de los exámenes es la misma pese a que los sistemas de estudio y el acceso de los alumnos al conocimiento ha cambiado considerablemente con las nuevas tecnologías. Ayer publicaba El Periódico de Catalunya una muy interesante entrevista con David Bueno, el coordinador de los exámenes de biología de las PAU. Las pruebas en este examen se han caracterizado en los últimos años por hacer que los alumnos apliquen conocimientos teóricos a casos prácticos, desde la perspectiva que los exámenes no pueden ser ya memorísticos, como han sido siempre, sino que el alumno, que tiene acceso al conocimiento con sólo entrar a internet, razone y lleve al terreno de lo consuetudinario lo que aprenda en clase.

Seguramente sea este el gran debate de cómo se deberían renovar los sistemas de estudios y reflexionar sobre si la individualización del aprendizaje es posible o cómo imbricar las nuevas tecnologías en el estudio. El bachillerato está completamente enfocado a la superación de los exámenes de acceso y en este momento, las pruebas preuniversitarias siguen parámetros tradicionales.

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