Territorio

18.05.2018 | 04:21
Territorio

EDITORIAL

El alcalde de Terrassa, Alfredo Vega, pronunció ayer una conferencia "Visió de ciutat, diàleg de futur" con la que algún representante político entendió que se daba por abierta la campaña electoral de las próximas municipales a un año vista. Tocó muchos e interesantes temas y aunque ya advirtió que no iba a profundizar, sino a esbozar los grandes temas que él considera esenciales para el futuro inmediato de la ciudad, se echó en falta en algunas cuestiones algo más de concreción. Seguramente no tocaba, pero la importancia de los temas generaba expectativas.

El alcalde Vega piensa en una ciudad construida sobre cinco pilares, el digital, el social, el de la prosperidad, la sostenibilidad y el del territorio, mirando a Barcelona. De todos ellos, probablemente el más novedoso fuese precisamente el último, el de la estrategia territorial de la ciudad. Terrassa, durante los últimos años ha mantenido una sorprendente discreción en torno a cuál debe ser su posición en relación a su entorno. Históricamente hemos defendido la comarca propia en contraposición a la amenaza que nos parecía Sabadell. Lo que para algunos era la "comarqueta" es una idea felizmente superada que dio paso a una propuesta de largo recorrido, el eje de la E-9 que debía conectarnos con Toulouse (hubo quien irónicamente le llamaba el "eje Toulouse-Lautrec"). La impulsó Manuel de Solà Morales, insigne urbanista del gran plan de ordenación de Terrassa bajo la "administración Royes", y la hizo suya el alcalde Pere Navarro, quien también entendió como esencial la comunión de las ciudades de la segunda corona.

Con todo, pese a haber propuestas encima de la mesa, Terrassa no ha sido nunca capaz no sólo de decidir con firmeza con quién y cómo quiere compartir su futuro, sino que no ha sabido liderar el territorio más allá de cuatro tímidas reuniones de Pere Navarro con los alcaldes de la zona.

Estamos en un momento importante en el que hay que definir una estrategia territorial sobre la que la ciudad no ha decidido. Es cierto, Barcelona es el futuro. Puede ser la apuesta de la ciudad y seguro que encontrará acomodo en los planes de otras formaciones políticas; no olvidemos que es necesario el consenso puesto que pasará mucho tiempo para volver a las mayorías absolutas. La cuestión está en cómo y la pregunta, tal como se le hizo al alcalde en la conferencia de ayer y no contestó, es a través de qué organismo encontrará Terrassa la representatividad que necesita para participar en la toma de decisiones.

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