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16.05.2018 | 04:21
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EDITORIAL

Joaquim Torra i Pla fue investido ayer nuevo presidente de la Generalitat de Catalunya. La única duda que existía se desveló el domingo cuando la CUP decidió abstenerse, permitir la investidura y pasar a formar parte de la oposición. La investidura de Joaquim Torra llega para poner fin a la aplicación del artículo 155 de la constitución española y para que así, Catalunya recupere su autogobierno. Pero la figura del nuevo President genera más dudas que certezas después de escuchar los debates del Parlament.

En primer lugar, se plantea la duración de esta legislatura. Carles Puigdemont, en una entrevista concedida a un periódico italiano hacía referencia a que a partir del próximo 27 de octubre se puede convocar nuevas elecciones porque la normativa catalana dispone que los comicios se pueden convocar pasado un año de la convocatoria de los anteriores y no desde la investidura del nuevo presidente. Así, es probable que nos encontremos ante una legislatura de poco más de cinco meses, o no, puesto que, lógicamente, no se dio ninguna pista al respecto.

Por otra parte, se ha hablado en todo momento de un proceso constituyente, pero no se sabe a que se refiere exactamente el President Torra cuando habla de ello ante la amenaza constante de una nueva aplicación del artículo 155 e incluso de unas eventuales responsabilidades penales en caso de que se cometa alguna irregularidad. En ese sentido, otra de las dudas que se suscitan se refiere a cómo afectará el procedimiento judicial a los presos del procés a la ya sumamente deteriorada relación del Govern con el Estado y a la vida política catalana.

Las incógnitas continúan en relación a cuál va a ser el papel de Carles Puigdemont, del Consell de la República y del denominado Espai Lliure. Se trata de un escenario con el que Puigdemont pretende mantener la tensión del procés en el exterior, objetivo que por el momento está cumpliendo. Puigdemont sea de forma premeditada o improvisada, como se ha querido dejar entrever en algunos medios, tiene la situación bajo su control y el proceso en el lugar y el momento en el que él quiere.

Hay muchas incógnitas más, pero hay dos más especialmente interesantes. Por un lado, cómo van a ser las relaciones entre JuntsxCat y Esquerra Republicana y cómo va a afectar el proceso catalán a la política española: Albert Rivera tiene su guerra en Madrid, pero el campo de batalla en Barcelona.

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