Interpretar

03.04.2018 | 17:22
Interpretar

Las decisiones judiciales son controvertidas por ser controvertibles, criticadas por ser criticables y asumidas por ser, efectivamente, asumibles. ¿Qué hace que la aplicación de la justicia sea tan compleja? En realidad los delitos son los delitos y los hechos son los hechos; no debería, por tanto, ser tan complicado eso de dictar sentencias, autos o providencias (últimamente estamos haciendo un máster, también si examenes). Una respuesta puede ser que esas resoluciones las dictan personas y es imposible que una toga haga desaparecer cultura, creencias o ideologías. Si a eso unimos que el trabajo de la judicatura es la interpretación, tenemos la ecuación resuelta: las resoluciones judiciales son profesionales, pero condicionadas, se quiera o no, por una serie de intangibles. La objetividad en la justicia lo que es al periodismo. Otra cosa es la prevaricación. Por tanto, si hubiese automatismos en la justicia, no harían falta jueces; sería suficiente con disponer de unas tablas de delitos y penas y nosotros mismos podríamos autoimpartirnos justicia.

Dicho esto, ¿es suficiente el razonamiento anterior para explicar la diferencia de criterios entre jueces y entre jueces y catedráticos y entre estos mismos? Cómo es posible que haya quien vea tan claro que hubo violencia en el procés para incadinar los hechos dentro del delito de rebelión y quien considere esa intepretación un despropósito jurídico. Por mucho que sea imposible el automatismo, no se concibe que la interpetación pueda ser tan dispar. Eso es lo que genera desconcierto y hasta crispación en la calle.

Es cierto que no se puede aplicar la lógica ciudadana en la administración de justicia. Una cosa es la verdad jurídica y otra cosa es la verdad y no siempre es coincidente. La verdad jurídica debe estar apoyada técnicamente en hechos probados y desde debajo del estrado se hace difícil comprender cómo se pueden tomar según qué decisiones. Por ejemplo, muchos ciudadanos no podían entender ayer cómo tantos ex miembros del Govern de la Generalitat están en prisión incondicional y se decretó libertad sin fianza para Iñaki Urdangarín. Por mucho que se pueda justificar, cómo se puede hacer entender a una persona de a pie que los casos son diferentes y que las circunstancias no son las mismas: Rull, Forcadell, Turull, etcétera, también han asistido a todos los requerimientos judiciales y resulta difícil entender el riesgo de fuga e incluso la reiteración en algunos casos.

Seguramente todos debemos hacer un esfuerzo para tomar distancia y aplicar una cierta racionalidad para volver cuanto antes a la normalidad que sea posible.

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