Tensión

27.03.2018 | 04:20
Tensión

Con el ingreso en prisión de los miembros del Govern y la detención en Alemania de Carles Puigdemont, se están viviendo los momentos más tensos en Catalunya desde el pasado 1 de octubre. Estamos entrando en un callejón sin salida de difícil solución del que sólo se sale con el diálogo y la serenidad. Se ha dado una situación en la que todos pensábamos, pero que esperábamos íntimamente que no se produjera. Al margen del contenido del auto de procesamiento de los miembros del Govern destituido, siempre discutible como cualquier resolución judicial, parece excesiva la decisión del ingreso en prisión en un momento en que parecía que todo se encaminaba a la formación de un gobierno, después de tres intentos obligados desde la lógica independentista.

La situación generada está provocando un complicado fenómeno en los extremos del conflicto: se está perdiendo el control. Por un lado, el movimiento independentista empujó a los políticos a emprender acciones encaminadas a implantar la república catalana. Se trató de un estímulo desde la calle que los políticos entomaron y hasta ahora han dirigido con mayor o menor fortuna, pero ahora se corre el peligro de que la calle pierda la serenidad y positivismo que ha caracterizado al independentismo hasta hoy. En el otro bando, el Gobierno lo ha apostado todo a la ley, sin dar ningún margen al diálogo y ahora, con el procés judicializado, difícilmente podrán controlar las consecuencias de esa decisión y ambos extremos se retroalimentan en una carrera que puede ser peligrosa.

Catalunya, más que nunca, necesita un Govern viable, que permita la derogación de la aplicación del artículo 155 de la Constitución, que recupere las riendas de las instituciones catalanas y trabaje por la estabilidad y por buscar una solución a la situación de los políticos encarcelados. Estamos entrando en una espiral de la que únicamente es posible salir desde la responsabilidad. Hemos asistido en las últimas semanas a un espectáculo poco edificante de la política catalana, en el que la única coherencia la hemos encontrado en el posicionamiento de la CUP, como siempre, pero se trata de una lógica de la confrontación pura. Una media Catalunya no puede ignorar a la otra media y el Estado, por muy agredido que se haya sentido con el procés, no puede caer en el error de vencer por humillación. Los partidos deben hablar y buscar una solución con absoluta urgencia.

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