Crecimiento

03.02.2018 | 04:20
Crecimiento

Terrassa ha vuelto a la senda del crecimiento demográficamente hablando. A 1 de enero de 2017 Terrassa tenía algo más de 1.300 habitantes más que un año antes. Se trata de una cifra considerable si tenemos en cuenta que el saldo de los cuatro años inmediatamente anteriores resultaba negativo en algo más de quinientos habitantes. Terrassa es ya formalmente la tercera ciudad de Catalunya, sólo por detrás de Barcelona y l'Hospitalet. Está bien subir al tercer cajón del podio, pero debemos reflexionar sobre lo que eso significa, simplemente plantearnos si es bueno o si es malo iniciar otra vez una carrera demográfica como la que ha protagonizado la ciudad en lo que llevamos de siglo.

En primer lugar, debemos plantearnos si la ciudad puede permitirse, otra vez, aumentos de población tan importantes en tan escasos márgenes de tiempo. Por poner un ejemplo, l'Hospitalet, que es una ciudad que ha recibido mucha población centrifugada de Barcelona como consecuencia de la crisis de la vivienda, ha visto aumentar su censo desde el año 2.000 en un total de 15 mil vecinos. El impacto es importante, pero pensemos en el impacto que ha significado para Terrassa, con menos población, asimilar la llegada de 44 mil personas en el mismo tiempo. Podemos estar satisfechos de cómo Terrassa ha encajado la migración. Ha crecido desde un punto de vista demográfico y lógicamente también desde un punto de vista urbanístico. Pero ¿estamos preparados para algo parecido? Pensemos en Barcelona se viven nuevamente momento de gran complejidad en torno a la vivienda. La crisis de los alquileres está volviendo a centrifugar población fuera de la capital y Terrassa siempre es ciudad de destino.

Dicen los expertos que no puede producirse una nueva burbuja inmobiliaria como la que provocó la crisis de 2008, pero no hay ninguna garantía de que nos dejemos llevar nuevamente por el entusiasmo y eso hay que, al menos, controlarlo. Un crecimiento sostenido de unas cinco mil personas anuales como ocurrió inmediatamente después del año 2.000 puede ser complicado de digerir. Es a través de los planes generales de ordenación como la ciudad debe decidir cómo llevar a cabo su crecimiento y sobre todo, cuantificarlo para dimensionar sus servicios a lo que puede ser una nueva realidad.

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