Política

23.12.2017 | 04:21

Si antes de la convocatoria de las elecciones por la vía de la aplicación del artículo 155 de la Constitución era necesaria la política para desatascar Catalunya, ahora, después de los resultados de los comicios de ayer, se hace todavía más imprescindible. A efectos prácticos, el Parlament apenas si ha movido sus posiciones desde una lectura de bloques, que es como se han planteado y se han desarrollado estos comicios. Si ha habido movimiento dentro de los bloques, pero no se han traducido en un vuelco relevante en la aritmética parlamentaria.

Ciudadanos ha conseguido un rotundo éxito ganando las elecciones en votos y escaños. Es la primera vez que en Catalunya gana una fuerza no nacionalista, pero su victoria, aún de gran relevancia por lo que significa, es insuficiente para los constitucionalistas. Catalunya sigue teniendo un problema al estar dividida por la mitad entre el independentismo y el constitucionalismo y es ahora precisamente el bloque independentista el que tiene que tomar decisiones sobre cómo v a enfocar su linea de actuación para los próximos cuatro años. En primer lugar, Junts per Catalunya y Esquerra Republicana deben decidir si forma gobierno y se debe definir cuál será el papel de la CUP en el proyecto, que ha basado su campaña en la unilateralidad y que a pesar de haber visto reducida su fuerza hasta los cuatro escaños, seguirá siendo decisiva, quizás más incluso que antes.

Habrá que ver la respuesta de la formación asamblearia a una eventual modulación del discurso unilateralista de JxCat y Esquerra y si es que se ponen de acuerdo para la formación de gobierno y si Puigdemont y el resto de componentes del antiguo Govern que está en Bruselas, estará en disposición de votar en el Parlament. La orden de prisión es de ejecución inmediata si ponen los pies en territorio español y sin necesidad de pasar por el juzgado.

Eso si se modula el discurso, porque en caso contrario, la espada de Damocles que significa el artículo 155 puede llevarnos a un bucle infernal de consecuencias nefastas. Sea como sea se hace absolutamente imprescindible una reflexión realista sobre la necesidad de la gobernabilidad de Catalunya, sobre la necesidad de recuperar el terreno perdido y de minimizar daños en la economía catalana. Es, más que nunca, el momento de la política, del diálogo y de la negociación. Hay que buscar una salida.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook