Visibilidad

09.12.2017 | 04:21

El independentismo catalán realizó ayer otra exhibición de fuerza, esta vez en el corazón de la Unión Europea, en Bruselas. Se habla de más de 45 mil personas, entre ellos en torno a un millar de terrassenses, que se manifestaron en la capital europea reivindicando la independencia de Catalunya y la libertad de los presos del procés. Hasta ahora, las muestras de visibilidad tanto internas como externas del procés, la revolución de las sonrisas, han ido acompañadas de la esperanza de que su internacionalización sirviera para conseguir el respaldo necesario para forzar a una negociación al gobierno de Madrid.

Esta no. Europa ya ha hablado y lo hizo en el momento en el que probablemente el independentismo catalán mayor crédito tenía. Europa dijo no cuando el procés se había recuperado de la pésima imagen ofrecida en los días 6 y 7 de septiembre en el Parlament, a través de la extraordinaria capacidad organizativa mostrada el 1-O y la increíble intervención policial; desastre de planificación, por cierto, de nefastas consecuencias de la que nadie ha pedido explicaciones. Quizás por ello, por esa conciencia de no haber alcanzado los objetivos marcados, tiene más valor este esfuerzo épico del independentismo en Bruselas.

Quizás haya llegado el momento, no obstante, de que el movimiento independentista catalán realice un examen de conciencia sobre cómo debe reconducir su linea de acción desde un punto de vista pragmático. El independentismo ha perdido el pulso que planteó al Estado, seguramente por no medir sus fuerzas; una parte del que fue el Govern está en el extranjero, otra parte en la cárcel y otros en libertad condicional, enfrentándose todos a penas de hasta treinta años de prisión; las heridas abiertas entre los actores del independentismo político son importantes, incluso dentro de los propios partidos; las instituciones catalanas han sido intervenidas; Catalunya está literalmente dividida en dos; las consecuencias económicas de la inestabilidad son en estos momentos imprevisibles; el respaldo internacional ni está ni se le espera. Nadie debe renunciar a sus ideales y objetivos políticos, pero es imprescindible la reflexión

Lo peor quizás es que a día de hoy las previsiones de la aritmética parlamentaria no dejan entrever una solución para gobernar Catalunya tras unas elecciones que se pretenden en clave frentista y ya se piensa en quién debe presidir el Govern que ha de convocar nuevas elecciones.

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