Campaña

05.12.2017 | 04:20

Empieza una campaña electoral del todo inusual por las circunstancias que las han provocado y que las rodean. El presidente de la Generalitat, destituido por el Gobierno central como al resto de su gobierno en aplicación del artículo 155 de la Constitución, y cuatro de sus consellers están en Bélgica, entre ellos el terrassense Lluís Puig, buscados por la justicia española y batallando por evitar la extradición; el vicepresidente, encarcelado junto a otro conseller y los presidentes de las entidades independentistas ANC y Omnium. Y mientras, una división lógica e incluso legítima en la calle entre partidarios de la secesión y constitucionalistas en sus formas autonomista o federalista.

Ayer lo podíamos ver en Terrassa. Al mismo tiempo que se organizó un concierto de jazz en Vallparadís en apoyo a los presos del procés, se organizaba una manifestación en apoyo a la unidad de españa convocada de forma improvisada a través de las redes sociales que acabó con al son del himno de España ante el atrio del Ayuntamiento.

Estas elecciones llevan camino de perder los matices para convertirse en el enfrentamiento entre dos frentes. Incluso las encuestas se presentan en torno a la victoria del independentismo o del constitucionalismo, pasando las proyecciones de voto de los partidos a un segundo plano.

En cualquier caso, tenemos ante nosotros un reto importante que es el de normalizar una situación que no es normal. La puesta en libertad de los seis exconsellers, entre los que está el terrassense Josep Rull, no normaliza la campaña puesto que quedan todavía cuatro presos del procés en Estremera. Al menos, debemos perseguir que todo el mundo pueda manifestarse libremente dentro de los márgenes de la libertad de expresión y del respeto a las ideas de los demás, como ocurrió simultáneamente en Terrassa este fin de semana. Se están produciendo, por ejemplo, situaciones un tanto surrealistas en torno al apoyo ciudadano a los presos del procés o en torno a quienes defienden el orden constitucional. Las actitudes extremas sólo contribuyen a enrarecer el ambiente y es la convivencia la que hay que preservar. La campaña empezó el mismo viernes que se declaró sin efectos la República Catalana y se aplicó de forma inmediata el artículo 155 de la Constitución y se presenta intensa, muy intensa, con sorprendentes advertencias preventivas de pucherazo y mucha incertidumbre sobre la actitud de todos el día 22.

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