Cambio

11.11.2017 | 04:21

A tenor de los titulares parece que PDECat, partido que tiene la llave de la gobernabilidad en Terrassa ha decidido que facilitará un cambio en la ciudad y que convertirá en alcalde a Xavier Matilla, líder de los comunes terrassenses. Miquel Sàmper anunció ayer estar dispuesto a colaborar en la investidura del cambio, pero insiste en el matiz: "Estamos abiertos, pero es difícil". La puerta está entreabierta, pero no de par en par. PDECat no quiere humillaciones, no quiere, según su portavoz, sentirse como un partido de segunda categoría. En cualquier caso, lo antepone todo a no permitir que siga en la alcaldía el partido que ampara la aplicación del artículo 155 de la Constitución, su socio de gobierno hasta hace diez días.

Sea como fuere, Xavier Matilla tiene más despejado su camino a la alcaldía después de estas manifestaciones. Un voto en contra de PDECat al candidato de TeC en la investidura o incluso una abstención, convertiría en alcalde a Alfredo Vega (PSC). La situación es así de sencilla y esa es la decisión que debe tomar Sàmper: impulsar el cambio o no impulsar el cambio; Vega o Matilla. El matiz de la dificultad que introduce Sàmper es sólo, se intuye, para mantener la tensión (cosas de la comunicación política). Un sí incondicional a alguien que ya ha manifestado que no quiere gobernar contigo sería más que altruista.

Por tanto, Xavier Matilla, si no ocurre nada, será la semana que viene el nuevo alcalde de Terrassa si Esquerra o la CUP, no se echan atrás y mantienen su apuesta por el cambio, cosa poco probable. Ya sabemos que en política todo puede cambiar de un día para otro, pero está cantado. Otra cosa será la formación de gobierno. Inicialmente TeC debe pactar con Esquerra Republicana, pero Sàmper introdujo ayer una variante de la que hasta ahora no se ha hablado y es que TeC gobierne en solitario. Parece harto complicado mantener un equipo de gobierno con seis concejales sin experiencia. El comentario de Sàmper fue sorprendente.

El reto de TeC es importante puesto que se trata de afrontar un final de mandato marcado por la municipalización del agua un tema de altísima complejidad que en 2018 debería estar resuelto, si no en el plano judicial, que será imposible, sí en el de la asunción por parte de la administración municipal de la gestión del servicio. La situación que se crea con la dimisión de Ballart y el cambio de gobierno es ciertamente compleja. Los equipos de gobierno tardan siempre unos meses, en la mayoría de los casos un año, par alcanzar la velocidad de crucero. A TeC y a Esquerra no se les podrá pedir más que mantener la maquinaria municipal engrasada.

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