Fracaso

07.11.2017 | 04:20

No hace falta esperar a que pase todo para empezar a reflexionar sobre lo que nos ha llevado a la situación en la que andamos. Estamos ante un fracaso de la política y de los políticos nos lo miremos desde el bando que nos lo miremos. Nadie puede estar contento con la aplicación del artículo 155 de la Constitución. Nadie puede sentirse satisfecho de la intervención del autogobierno de Catalunya. Nadie puede frivolizar sobre la huida de un president de la Generalitat y algunos de sus consellers. Saber que Josep Rull está en la cárcel junto a sus compañeros del Govern, pensar en sus hijos, en sus familias es especialmente doloroso, como lo es pensar en la razón por la que está en prisión y provoca un malestar del que difícilmente puede uno desembarazarse.

Estamos viviendo mucho y muy intensamente en muy poco tiempo. Este fin de semana corría un tweet cuyo autor decía que no sabía si finalmente Catalunya sería independiente, pero de lo que no le cabía ninguna duda era de que España no sería nunca la misma. Seguramente ninguno de nosotros seremos ya los mismos y la gran incógnita es cómo nos resituaremos después de todo lo vivido y especialmente en qué forma se reconducirá el independentismo y si se reconducirá la actitud desde España hacia esa reividincación.

Los daños colaterales habrá que gestionarlos también. Catalunya afectará todavía mucho más al PSOE, como ya está afectando a Podemos, como el procés está afectando al PSC y a todos los partidos catalanes en un sentido u otro y como lo está haciendo también a las ciudades. Terrassa puede ser un ejemplo paradigmático. El equilibrio de poder entre las fuerzas políticas ha cambiado incluso antes de llegar a las elecciones municipales. El procés ha acabado con un estatus quo que pareció inamovible durante casi cuarenta años y ahora hay que recomponer.

Terrassa en Comú parece la fuerza encargada de coger el relevo del PSC al frente del Ayuntamiento, pero Esquerra sigue siendo una fuerza política también en claro ascenso como consecuencia del hundimiento de Convergència y PDECat, pero deberemos estar atentos a cómo los partidos adecuan estrategias y actitudes ante la nueva realidad, una realidad extraordinariamente cambiante. Falta año y medio para las próximas elecciones municipales, un mundo en un momento en que los escenarios mutan en cuestión de horas. Pero durante ese tiempo hay que gobernar la tercera ciudad de Catalunya.

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