Suspense

12.10.2017 | 04:21

Es difícil valorar la comparecencia del President de la Generalitat, Carles Puigdemont, ayer en el Parlament. Se ha generado un amplio margen de desconcierto entre la decepción de la CUP y del independentismo más radical y la interpretación desde el entorno del Gobierno de Mariano Rajoy y de algunos medios de comunicación que destacaron la declaración de independencia, explícita aunque instantáneamente suspendida, de Carles Puigdemont.

En realidad, tanto la comparecencia del President como la surrealista firma de la declaración después de la sesión plenaria, fue calculadamente ambigua y compleja. Por una parte, se puede interpretar como una brillante maniobra política que desarma al Gobierno para aplicar medidas extremas y alarga la tensión indefinidamente en espera de apoyos internos (especialmente en el entorno de los Comuns y Podemos) y externos para intentar una negociación de igual a igual con el Gobierno del Estado.

También se puede interpretar como una reacción pusilánime especialmente ante la reacción del tejido económico catalán de huir bajo el paraguas de la UE de la inestabilidad y la amenaza constante de intervención de la autonomía y también un intento baldío de quedar bien con todos los sectores, tanto independentistas como pactistas.

Lo que no se entiende es la cada vez más complicada escenificación del procés, que culminó anoche con una extraña firma de una declaración formal y solemne de independencia fuera del pleno y de la mesa del Parlament con canto de els Segadors incluido, que sitúa el escenario en un momento especialmente incierto y difícil de calificar. Es decir, Puigdemont suspende una declaración de independencia que no ha sido realizada y después, fuera del hemiciclo y sin siquiera la intervención de la mesa, el President, la presidenta del Parlament, el Govern y los diputados de Junts Pel Sí y la CUP firman la declaración de independencia que previamente ha sido suspendida. Un lío, sin duda, que lleva a Planeta a irse de Catalunya por si acaso y a generar una sensación de falta de credibilidad que puede hacer mella en el intento de buscar mediación internacional.

Habrá que ver ahora cómo reacciona la prestidigitación de Puigdemont el Gobierno de Mariano Rajoy, que ayer se empezó a reunir con los partidos de la oposición y ha convocado para mañana consejo de ministros extraordinario para valorar la situación y decidir si adopta medidas contra la Generalitat o no.

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